Tesoro contestó sin dudar:
—Me gustan los chicos que son como ustedes.
Ledo sonrió con ternura.
—Mi hermanita es tan hermosa que realmente me aterra la idea de que algún niño tonto intente engañarte para alejarte de nosotros.
Tesoro frunció un poco el ceño y sacudió la cabeza, haciendo un puchero.
—Eso nunca pasará. A mí no me interesan los chicos, me interesan mis insectos.
Ledo sintió que la comisura de la boca le temblaba un poco.
—Pero tampoco puedes pasarte el resto de tus días viviendo con unos insectos venenosos.
Tesoro rio y explicó:
—Mi mamá y mi madrina siempre dicen que el amor verdadero no se puede forzar. Si el amor llega a mi puerta, lo aceptaré, pero si no, tampoco pasa nada. Los tengo a ustedes, y tengo mis pasatiempos. Siento que sería muy feliz viviendo mi vida a mi manera.
Ledo asintió pensativo.
—Tiene sentido. Si decides no casarte nunca, tus hermanos te acompañaremos toda la vida.
Tesoro soltó una risita cristalina, con el rostro iluminado de felicidad.
—¡Sí!
Eric, quien acababa de llegar y había escuchado accidentalmente la conversación de ambos, arrugó la frente con confusión.
¿No se suponía que Tesoro estaba comprometida con Mateo del Pozo?
¿Por qué ahora hablaba de la posibilidad de no casarse nunca?
Eric todavía intentaba comprenderlo, cuando la voz de Ledo lo sacó de sus pensamientos:
—¿Quién anda ahí?
Eric recuperó la compostura de inmediato.
—Soy yo. ¿Se puede pasar?
Ledo respondió cortésmente:
—Adelante.
Eric abrió la puerta y, tan pronto como dio un paso adentro, el olor punzante invadió sus pulmones. Tesoro le advirtió de inmediato:
—Hay unas mascarillas por allá, Eric. Ponte una primero.
Eric levantó una gran bolsa de papel que traía en la mano.
—Les traje algo de cenar. ¿Qué les parece si vamos a la habitación de al lado a comer?
El hedor en el cuarto de Tesoro era insoportable.
No solo era asqueroso; Eric estaba empezando a creer que los vapores del lugar eran tóxicos, porque ya comenzaba a sentir un leve mareo y náuseas.
Ledo miró a Tesoro en busca de aprobación.
—¿Vamos a comer un rato a la otra habitación?
Tesoro asintió.
—De acuerdo.
Los dos hermanos se quitaron el equipo de protección, se lavaron meticulosamente las manos con desinfectante y siguieron a Eric hasta la habitación contigua.
Los tres se hospedaban en cuartos separados. El de Tesoro estaba en medio; a la izquierda estaba el de Eric y a la derecha el de Ledo.
Ya en la habitación de Eric, este abrió la bolsa y sacó algunas pequeñas cajitas.
A Ledo y a Tesoro se les iluminaron los ojos.
—¿Es pastel?
Eric asintió.
—Pregunté por todas partes hasta que logré encontrar una tienda. Mandé a mi gente a comprarlo temprano. Revisamos cada ingrediente y puedo confirmarles que están limpios y recién horneados, así que pueden comer con tranquilidad.
A Tesoro le fascinaban los postres. Rápidamente tomó un bocado y sus ojos brillaron de felicidad.
—¡Es delicioso!

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...