Tesoro no pudo contenerse y soltó una carcajada, bajando la cabeza para reír a escondidas.
Cristina estaba roja de ira, con la respiración entrecortada.
Ledo siguió atacando sin piedad:
—La verdad duele, así que cálmate un poco, no te vayas a enfermar del coraje. Para ganarte la lástima de Mateo, no dudaste en romperte las piernas, y ahora, para salvar el pellejo, fuiste capaz de meter a la cárcel a tus propios padres.
—Aún ni siquiera te curas de las piernas, si encima te da un ataque de rabia, ¡vas a dar más lástima todavía!
Cristina frunció el ceño, rebatiendo a la defensiva:
—¡Lo de mis piernas fue un accidente! ¡Y yo no le hice nada a mis padres!
Ledo se inclinó hacia ella:
—¿Acaso no lo sabes tú misma? ¿Necesitas que te repita palabra por palabra lo que le dijiste a Mateo ese día?
—Tú misma dijiste que no tenías intención de atacarla a ella en el Gran Torneo, que fueron tus padres y la Familia Dorado quienes te obligaron a hacerlo.
—También dijiste que odias a David, ¿y que fueron tus padres y los Dorado quienes te forzaron a comprometerte con él?
—Le confesaste tu amor desesperado a Mateo, le dijiste que...
—¡Cállate! —gritó Cristina de repente, respirando agitadamente mientras lanzaba dagas con la mirada a Ledo.
Ledo entrecerró los ojos, divertido.
—¿Seguro te estás preguntando cómo sé tanto, verdad? Y no, Mateo no me lo contó. Es que yo estaba justo ahí, en el lugar de los hechos. Lo siento mucho, pero escuché toda tu confesión por accidente.
¡Cristina se quedó atónita, sin poder creer lo que oía!
Fijó su mirada en Ledo durante un largo rato, hasta que ató cabos. Sus pupilas se dilataron con terror.
—¡Tú! ¡Fuiste tú! ¡¿Tú fuiste quien llamó a la policía y a los periodistas ese día?!
Ledo no se molestó en negarlo. ¡Cristina estaba en shock absoluto!
—¡Tú... tú me arruinaste!
Ledo la miró con cinismo.
—¿Te arruiné? ¿Cómo es eso posible?
Cristina exigió respuestas:
—¿Con qué derecho llamaste a la policía? ¿Por qué contactaste a los periodistas? ¡¿Por qué estabas espiando mi conversación?!
Ledo replicó con sorna:
—Tus padres te estaban maltratando, así que te hice el enorme favor de llamar a la policía para que los encerraran, y traje a la prensa para exponerlos y asegurarme de que nunca pudieran volver a levantarse. Estás completamente liberada de ellos. ¿No deberías estarme dando las gracias?
Cristina rechinó los dientes: —¡No te pedí ayuda!
Ledo sonrió de lado.
—Si estás tan enojada, debe ser porque tus padres jamás te maltrataron. Y como la mentira se te salió de las manos, no te quedó de otra que incriminarlos de verdad para que terminaran tras las rejas. Así que ahora estás furiosa, ahogada en culpa y rencor.
Cristina negó rotundamente: —¡Yo no los incriminé!
Ledo se encogió de hombros.
—Nadie es tonto. Todos sabemos perfectamente cómo te trataban, la gente de afuera tampoco es ciega.
Cristina, respirando a bocanadas, se quedó sin argumentos por un instante.
Pero su capacidad de recuperación era impresionante. Pasó del colapso histérico a la compostura absoluta en poco más de un minuto.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...