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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3906

Al ver la escena, ¡los guardaespaldas de David reaccionaron al instante!

Uno se agachó para ayudar a levantarlo, mientras el otro se abalanzaba contra Ledo.

La mirada de Ledo se volvió glacial. Esquivó el ataque con un rápido movimiento lateral, atrapó el brazo del hombre con un giro y, calculando el ángulo perfecto, ¡le soltó una patada demoledora directo al tobillo!

Con un seco "¡crac!", el hueso se fracturó.

El hombre soltó un grito desgarrador de dolor. En cuanto Ledo lo soltó, se desplomó en el piso, gimiendo:

—¡Mi pierna, mi pierna...!

El otro guardaespaldas, que apenas había puesto de pie a David, abrió los ojos, aterrado. Antes de que siquiera pudiera intentar defenderse, ¡Ledo le conectó una patada tan brutal que lo mandó volando varios metros junto con el heredero que acababa de levantar!

¡Ambos cayeron estrepitosamente al suelo!

Al segundo siguiente, los lamentos y los llantos resonaron por todo el patio.

El alboroto atrajo a un grupo de guardias y a varios hombres ocultos de la Familia Dorado. Los guardias rodearon a Ledo, mientras los hombres ocultos se posaban sobre los muros y techos, a la espera del momento perfecto para atacar.

David, llorando a mares, no paraba de gritar:

—¡Mátenlo! ¡Mátenlo! ¡Buuuaaa...!

El viejo mayordomo tuvo que intervenir de nuevo. Se paró frente al jefe de los guardias y le dijo:

—El señor Hugo fue muy claro: estos jóvenes son invitados de la familia y deben ser tratados con cortesía. No tienen autorización para atacarlos. Primero llévense al joven amo a su habitación para que descanse y llamen al médico para que lo revise.

El líder de los guardias era un hombre de mediana edad, mucho menos impulsivo que el tonto de David.

Con el ceño fruncido, le lanzó a Ledo una mirada asesina, pero ordenó a sus hombres que retrocedieran y mandó que alguien se llevara a David a cuestas.

David seguía pataleando y maldiciendo, pero los hombres lo ignoraron y se lo llevaron por la fuerza.

Como si allí no hubiera pasado absolutamente nada, la actitud del anciano mayordomo hacia Ledo y los demás seguía siendo de una amabilidad imperturbable.

—Por aquí, señores.

Ledo entrecerró los ojos. Aquel viejo tenía un temple de acero para mantenerse tan calmado después de todo eso.

Ledo se sacudió las manos y continuó caminando detrás del mayordomo. Mientras avanzaban, le preguntó a Tesoro en voz baja:

—¿No te asustaste?

Ella negó con la cabeza. —No, para nada. Oye, ¿ese es el prometido de Cristina Palma?

Ledo asintió. —Así es, el joven heredero de la Familia Dorado, David Dorado.

Tesoro apretó los labios con una mueca de disgusto.

—Con razón Cristina no lo soporta. Es horrendo, ¡está a años luz de compararse con Mateo!

Ledo le dio toda la razón. —No le llega ni a los talones a Mateo. Ya sea en físico o en personalidad, está muy por debajo.

Al escuchar esto, el mayordomo frunció ligeramente el ceño, pero no dijo ni una palabra.

Poco después, llegaron al salón principal de visitas, donde Cristina Palma los esperaba sentada silenciosamente en una silla de ruedas.

Al oír pasos, ella giró la cabeza.

Su mirada pasó rápidamente por Ledo y Eric, para finalmente posarse en Tesoro.

Como Tesoro no llevaba cubrebocas en ese momento, su rostro delicado y de piel radiante quedó a la vista de Cristina, quien frunció el ceño con recelo.

Tesoro también la evaluó, mirándola de arriba abajo con los ojos entrecerrados.

El mayordomo intervino:

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