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¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo romance Capítulo 3908

Tesoro se quedó perpleja un segundo, y luego sonrió.

—Eso es un asunto privado mío y no te incumbe.

Cristina volvió a atacar. —¿Sabes usar el Arte del Vínculo?

Tesoro respondió con calma: —Un poco.

Cuando Cristina hizo amago de seguir preguntando, Tesoro la detuvo en seco.

—Primero voy a tomarte el pulso. Si tienes preguntas, déjalas para después.

Apenas Tesoro colocó los dedos sobre la muñeca de Cristina, esta hizo un movimiento rápido y atrapó la muñeca de Tesoro, presionando su pulso para sondear su energía.

Unos segundos después, Cristina frunció el ceño, completamente desconcertada.

—¡¿De verdad no dominas el Arte del Vínculo?!

Tesoro se encogió de hombros. —Ya te lo dije, no mucho. Mateo me enseñó algunos conceptos, pero es puro conocimiento básico para principiantes.

Cristina, consternada, exigió respuestas. —Entonces, ¿por qué fuiste tan arrogante como para enfrentarte cara a cara conmigo?

Tesoro la retó con la mirada. —¿Y qué esperabas? ¿Que me pusiera a llorar y te suplicara que me dejaras en paz?

Cristina apretó la mandíbula.

Tesoro añadió: —Jamás caería tan bajo.

Cristina la miró con desprecio.

—Sabiendo que vas a perder, seguir provocando no es valentía, es ser una terca ignorante. Patético.

Tesoro ladeó la cabeza. —¿Y cómo estás tan segura de que voy a perder?

Cristina sentenció: —Vamos a competir en el Arte del Vínculo, pero como no lo dominas, perderás seguro.

Tesoro hizo un gesto indiferente.

—Eso está por verse. Hasta el último segundo, nadie conoce el resultado final.

Cristina escudriñó a Tesoro con recelo.

—¿Quién te dio esas falsas esperanzas? ¿La Familia del Pozo? ¿Mateo?

Tesoro negó con la cabeza. —Me las di yo sola.

Cristina bufó. —... El Arte del Vínculo es diez veces más difícil que la medicina. Aunque Don Anselmo y todos los ancianos de la familia te entrenaran a puerta cerrada en este momento, sería imposible que me ganes en el torneo.

Tesoro se encogió de hombros. —Si no gano, pues pierdo. No pasa nada. Al fin y al cabo no soy de La Selva; es normal que no sea experta, así que no es ninguna vergüenza perder ante ti.

Cristina, exasperada, exclamó:

—¡Pero tu derrota arruinará la reputación de Mateo y de toda su familia!

Tesoro la fulminó con la mirada. —Si soy yo quien va a manchar su honor, ¿a ti qué te importa tanto?

Cristina la acusó: —¡Si de verdad estuvieras enamorada de él, pensarías en las consecuencias para su familia!

Tesoro replicó al instante: —Tú fuiste la que me desafió primero frente a todos, queriendo humillarme. Si ni siquiera consideraste cómo afectaría eso a Mateo, significa que tú tampoco lo amas.

Cristina: —...

Tesoro, sin alterarse en lo más mínimo, volvió a levantar la mano y le tomó el pulso a Cristina con toda tranquilidad.

Tras examinarla, dio su diagnóstico con un tono clínico e impasible:

—Asumo que últimamente tienes ataques de rabia constantes y no pegas el ojo en las noches, ¿verdad? Es bastante grave, ya está afectando tu salud. Necesitas medicación urgente.

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