El hombre repitió, un poco más alto:
—Octavio Dorado, de la Familia Dorado.
Ledo frunció el ceño con disgusto.
—Ese viejo bastardo. ¿Qué hace metido en este agujero?
El hombre lo miró con curiosidad.
—¿Lo conoces?
—Nos hemos cruzado. ¿No se supone que es uno de los líderes principales de la Familia Dorado? ¿Qué diablos hace aquí abajo?
El informante se apresuró a explicar:
—Bajó para buscar reliquias en el mercado negro, y también porque el Patriarca Dorado le ordenó mantener vigilada la zona.
»Aunque estos túneles no pertenecen a la Familia Dorado, es el lugar donde salen los mejores artefactos, y a precio de remate. Casi todos los que terminan aquí son fugitivos que, tarde o temprano, se ven obligados a vender sus tesoros más preciados solo para sobrevivir.
»Además, es el punto de encuentro perfecto para transacciones de contrabando que no pueden hacerse en la superficie.
»Y hay otra razón: aunque este inframundo no está afiliado a ningún clan, todas las familias importantes mantienen espías aquí. El terror de cada clan es que el bando enemigo logre reclutar al ejército de criminales que vive en estas cuevas. La Familia Dorado mandó a su gente, pero la Familia Palma y la Familia del Pozo también tienen informantes vigilando cada esquina.
Ledo chasqueó la lengua, comprendiendo todo. Con razón alguien lo había reconocido a pesar de la máscara. Había peleado contra ese viejo ruin antes.
Seguramente Octavio lo vio cuando le dio la paliza al tipo de la entrada, y su estilo de combate lo delató.
Ledo cruzó los brazos.
—Así que tu superior es Octavio Dorado, pero tu jefe principal es un extranjero. ¿Significa eso que la Familia Dorado es el perro faldero de alguien de afuera?
El hombre humedeció sus labios secos.
—No exactamente. La Familia Dorado y el jefe extranjero tienen una alianza. Por ahora, Octavio y sus hombres siguen las órdenes del extranjero porque el Patriarca Dorado lo dispuso así. Cuando termine la colaboración, volverán a estar en igualdad de condiciones.
—¿Qué clase de negocio tienen entre manos? —inquirió Ledo.
El hombre negó con la cabeza, asustado.
—Se lo juro, de eso no sé absolutamente nada. Yo solo soy un don nadie, un peón que le hace los recados a Octavio.
Ledo apretó los labios, evaluando la sinceridad del tipo.
—¿Y dónde está Octavio ahora?
—Subió. Fue a informarle al jefe extranjero sobre tu presencia aquí.
Ledo soltó un bufido desdeñoso.
—¿Y qué planea hacer?
—Tampoco lo sé. Lo único que me dijo fue que tu vida vale oro y que no debía perderte de vista por nada del mundo. Me prohibió estrictamente acercarme a ti o buscar problemas. Mi única misión era reportar todos tus movimientos y averiguar qué viniste a buscar aquí.
—¿Tú eres el único espía de Octavio? —preguntó Ledo.
—En El Pabellón Uno, sí. Yo vivo en este sector de forma permanente. Hay otros soplones en los demás pabellones.
Ledo asintió, formando un plan en su mente.
—Perfecto. Entonces vas a ir a buscar a Octavio y le dirás que bajé aquí exclusivamente para encontrarlo a él.
El hombre parpadeó, completamente descolocado.
—¿Qué?
—Vas a decirle exactamente lo que te ordene —dictaminó Ledo—. Dile que me enteré de que suele bajar a buscar objetos raros y que vine cazándolo.
»Y si te pregunta para qué demonios lo busco, dile que le tengo mucho asco a él y a toda la Familia Dorado, y que bajé para eliminarlo.
El hombre palideció, atónito.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...