—Tiene ventajas enormes. Para un Maestro del Vínculo común, su vida está ligada a su Vínculo Maestro; si la criatura muere, el anfitrión muere con ella. Pero al no tener un Vínculo Maestro en su interior, Octavio es inmune a esa debilidad. No tiene ese punto ciego.
—Seguro debe tener algún efecto secundario o debilidad —insistió Ledo.
—Todo el mundo asume que los tiene, pero son solo rumores. Nadie ha vivido para comprobarlo —admitió el hombre.
Ledo se quedó pensativo por un momento.
—¿Quién más en la Familia Dorado practica este método?
El hombre negó con la cabeza.
—Hasta ahora, solo él. Los de la generación anterior que lo practicaban ya están muertos, y no se sabe de ningún joven en la familia que haya heredado esa técnica.
—¿Y fuera de su familia? ¿Hay alguien en La Selva o en otro lugar que practique algo similar?
El informante sacudió la cabeza con absoluta convicción.
—Nadie. Es el secreto mejor guardado de la Familia Dorado. Muchos en La Selva han tratado de descifrar el método durante años, incluso los de la Familia del Pozo, pero absolutamente nadie ha logrado replicarlo.
Ledo entrecerró los ojos, analizando profundamente la información. *Un arte sin debilidades aparentes...*
Tras un silencio, Ledo cambió de tema.
—¿Conoces la Calle del Lucero?
El hombre parpadeó, confundido por el cambio drástico de conversación, y asintió.
—Sí, claro que la conozco.
—¿Y conoces al viejo excéntrico que tiene su puesto allí?
El hombre volvió a asentir.
—Sí, sé quién es. ¿Qué pasa con él?
—Dicen que bajó a estos túneles. ¿Estabas al tanto?
—Había escuchado rumores, sí. Pero no tengo idea de en qué parte está escondido. ¿Tú bajaste buscándolo a él?
Ledo no respondió a la pregunta y contraatacó:
—¿No tienes ni idea de la zona donde podría estar?
El informante suspiró.
—Te lo juro, no lo sé. Encontrar a alguien aquí es una pesadilla; todos usan máscaras y la regla de oro es no meterse en los asuntos del otro.
Ledo soltó un murmullo sarcástico.
—No estés tan seguro de eso. Yo también llevaba máscara y aun así Octavio me reconoció. En fin, lárgate. Y no olvides el mensaje que debes entregarle a Octavio. Haz que suene convincente.
Ledo se dio la vuelta para irse, pero el hombre lo llamó desesperado.
—¡Espera! ¿Y cuándo me vas a dar el antídoto?
Ledo no se molestó en mirarlo.
—No te preocupes por eso. Si eres obediente y haces tu trabajo, el antídoto aparecerá cuando más lo necesites.
Dejando al espía atrás, Ledo continuó su camino por el túnel principal. No había avanzado mucho cuando vio una figura conocida emerger de las sombras. Era Lázaro Rojas.
Ledo se detuvo, sorprendido.
—¿Qué haces aquí?
Lázaro le devolvió una mirada penetrante.
—¿Así que quieres tenderle una trampa mortal a Octavio?
Ledo abrió los ojos de par en par.
—¡¿Estabas espiando mi conversación?!
—Venía a buscarte y los escuché por casualidad —respondió Lázaro con total naturalidad.
Ledo bufó y se encogió de hombros.
—No diría que es una trampa mortal. Solo quiero enseñarle un poco sobre el karma y las consecuencias de ser una basura.
Lázaro endureció el gesto.
—Octavio no es un rival común. No usa un Vínculo Maestro para pelear, así que tu mascota no le causará el más mínimo terror. Si te enfrentas a él así, llevarás las de perder.
—No te preocupes —respondió Ledo, desestimando la advertencia—. Sé perfectamente de lo que es capaz. Ya he cruzado golpes con él antes.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Sorpresa! Tuve Cuatrillizos con Mi Desconocido Esposo
Cómo se llama la segunda parte de la novela?...