Jamás digas que tu vida no podría ser peor, porque te equivocas. Siempre puede ser peor, este era el ejemplo perfecto.
Observé como mi jefe cerraba la puerta con llave, encerrándome…
—Señor Lorenzo… ¿qué hace en la lavandería a esta hora? —Intenté actuar normal, fingiendo que la mejilla no me palpitaba, pero el temblor en mi voz era muy evidente.
Salir de esto me costaría muy caro. Si es que lograba salir en primer lugar.
¡No, no podía pensar en esa forma! ¡No podía rendirme de esta manera después de todo lo que había sacrificado! Si iba a morir, sería después de vengar a mi hermana menor, a mi padre.
Con dificultad, me puse de pie, pensando en la mejor vía de escape.
Solo era el señor Lorenzo. Tal vez podría ganarle una pelea si usaba toda la rabia en mis puños…
Mis pensamientos murieron cuando sentí unas manos sujetarme los brazos por detrás, inmovilizándome.
—¿Qué…? —Forcejeé, mirando sobre mis hombros.
No reconocí al sujeto, pero este sonreía de manera macabra. Lo que estuvieran planeando estos dos, no me gustaría para nada.
—Te di la confianza de entrar a mi lavandería, cuidarla y no solo te vas de fiesta, sino que le robas a nuestros clientes —El señor Lorenzo se acercó, con el ceño fruncido. Tomó la tela que cubría mi hombro—. ¿Sabes a quién carajos le robaste este vestido?
No fui capaz de responder, el corazón latiendo con fuerza contra las costillas.
La bofetada me tomó desprevenida. Mi cabeza giró a un lado, sintiendo el ardor en la piel.
—La señorita Silvia Moretti mandó a buscar su vestido. No solo la lavandería estaba cerrada y tuve que venir desde mi casa a atenderla, sino que cuando busqué el maldito vestido, no estaba. ¿Y sabes que descubrí al ver las cámaras de seguridad? —preguntó, pero no fue necesario que respondiera, porque enseguida continuó hablando—. ¡Que no era la primera vez que tomabas la ropa de los clientes!
Esta vez, la bofetada fue a mi mejilla ya lastimada por el puñetazo.
No tuve tiempo de sentir dolor, mi cerebro empezó a maquinar a una velocidad abismal. Necesitaba salir de aquí. Esta gente no llamaría a la policía ni jugando, estaba en sus códigos. Resolverán esto a su manera, con sangre.
No perdería la vida por tomar el maldito vestido de Silvia. Yo valía más que esto.
—¡Clientes que pondrán una bala en tu cabeza por tocar sus pertenencias! Quién sabe, tal vez eso es lo que quiera hacer la señorita Moretti contigo —Se rio, como si mi vida fuera un chiste.
Agrandé los ojos al percatarme de sus palabras.
—¿Silvia viene para acá? —pregunté rápidamente—. ¿Sabe qué fui yo quién le robó el vestido?
No… después de tres años de estar ocultándome en sus narices, de cambiar mi identidad, mi apellido, mi vivienda. ¿Sería descubierta de esta forma?
—Sabe que fue mi insolente empleada —Me tomó del cabello, tirando con fuerza hacía atrás, obligándome a verlo—. Y vendrá a enfrentarte por querer robar lo que es de ella, por intentar imitarla.
¿Hacerme pasar por ella? No, eso jamás. Yo no quería ser como ella, solo quería quitarle todo a su familia, a su persona. Porque ninguno merecía estar disfrutando de su vida actualmente. Deberían estar en la cárcel o pudriéndose bajo tierra.
Tal vez no me reconociera. Era una posibilidad. Ya habían pasado tres años y yo no era más que suelo pisado para ellos. No fui una pieza importante de la que intentaron deshacerse, solo un cabo suelto al cual quisieron matar para evitar que siguiera investigando. Por eso… ellos pensaban que estaba muerta.
Forcejeé con más fuerza, buscando liberar mis brazos del agarre del hombre desconocido, pero era fuerte…
Busqué opciones, técnicas para esta clase de situaciones. No me pude dar el lujo de aprender defensa personal con un experto, tuve que recurrir al método económico: videos de internet.
Sería la primera vez que lo pondría en práctica en la vida real.
Sin dudarlo, le enterré el tacón en el pie al hombre detrás de mí, consiguiendo que soltara un chillido poco varonil.
Aproveché la oportunidad al sentir como su agarre se aflojaba.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo al hombre más peligroso de Italia