Alexander estaba en su oficina. Había tenido reuniones una tras otra y apenas había podido tomarse un descanso.
—Qué agotador… —soltó mientras se dejaba caer sobre su silla.
—Bueno, si alguien no se hubiera tomado casi la mitad del día libre, las reuniones podrían haber tenido pausas para descansar —dijo Daniel con tono sarcástico mientras preparaba un whisky en el bar privado de la oficina de Alexander.
—Valió la pena… —susurró Alexander con una sonrisa al recordar la noche que había pasado con Valentina durante su primera cita.
Daniel rodó los ojos al verlo sonreír de esa manera. Dejó el vaso de whisky sobre el escritorio y caminó hasta la pequeña sala que había dentro de la oficina para sentarse en el sofá.
—Ah, Nikolái ya encontró a la persona adecuada para proteger a la señora Hart —dijo Daniel sin apartar la mirada de su tableta.
—¿Quién es? —preguntó Alexander mientras tomaba el vaso de whisky.
—Natalia… —respondió con cierto desánimo.
Alexander arqueó las cejas. Por supuesto que conocía a Natalia y sabía perfectamente lo que su regreso significaría para Daniel.
—¿Estás seguro? —preguntó.
—Es la adecuada para proteger a tu esposa. Pasará desapercibida ante los demás —respondió Daniel, tratando de sonar indiferente.
Alexander asintió y bebió un sorbo de su bebida. En ese instante, su teléfono vibró sobre el escritorio. La pantalla se iluminó con un mensaje de Valentina y una sonrisa apareció de inmediato en su rostro.
“Te espero para cenar, ¿sí? Aún tenemos que pensar cómo vamos a decirnos de cariño.”
“Claro. Piensa muy bien cómo vas a llamarme, bonita.”
Respondió de inmediato, sin poder evitar que su sonrisa se hiciera más amplia al leer el mensaje.
—Ay, jefecito, me asusta que sonrías tanto —dijo Daniel, mirándolo con un gesto de desagrado desde su lugar.
La sonrisa de Alexander desapareció de inmediato y fulminó a Daniel con la mirada.
—Tu cara parece más de asco que de susto —respondió con seriedad.
—Lo sé —respondió Daniel antes de hacer una breve pausa—. Alexander, ¿cuándo piensas contarle todo sobre ti a Valentina?
Alexander frunció el ceño y dejó su teléfono sobre el escritorio. La respuesta a esa pregunta todavía era una incógnita para él. Sabía que tendría que hablar con ella antes de que su relación avanzara más y los sentimientos entre ambos se hicieran más profundos. Sin embargo, a pesar de todos los cambios que había notado en Valentina, todavía le costaba darle su confianza por completo.
—Daniel, no creo poder soportarlo si ella me traiciona —respondió mientras se aflojaba la corbata.
Daniel suspiró y se quitó los lentes, dejándolos sobre la mesa de centro. Podía entender a Alexander hasta cierto punto, pero también sabía que una relación entre ellos no funcionaría si seguían existiendo secretos. Además, Valentina parecía estar siendo sincera con él.
—Entonces haz que se enamore primero de ti —dijo Daniel, mirándolo—. Haz que Valentina se te declare primero. Cuando eso suceda, tendrás que contarle también todo sobre tu pasado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....