Alexander alzó las cejas con sorpresa, pero una sonrisa ladina se le dibujó de inmediato en los labios. La idea le encantaba; quería ver a Valentina montándolo desde la primera vez que se la cogió, aunque jamás la habría presionado a hacer algo que ella no quisiera.
—Está bien… pero antes… —dijo él, enderezándose un poco mientras comenzaba a quitarse el saco, la corbata y la camisa—. Primero voy a hacer contigo lo que llevo toda la noche imaginando. Después podrás hacer lo que quieras conmigo.
Alexander la tomó de los muslos y se agachó a besarla. Fue subiendo por la pierna, dándole lengüetazos y chupándole la piel con fuerza hasta dejarle varias marcas rojas. Cuando llegó cerca de la entrepierna, se pasó al otro muslo y bajó hasta la rodilla.
Valentina apretaba los labios para no gemir, pero no le quitaba los ojos de encima. Él siguió lamiéndola sin prisa, disfrutando saber que la tenía bajo control.
—¿Qué pasa, nena? —preguntó, pegando su verga contra su coño mojado.
—Alexander… —gimió ella al sentir su miembro duro.
Él se rio y volvió a inclinarse sobre ella para saborearle las tetas. Le bajó la tela de un tirón, dejándolas al descubierto.
—Mías —susurró con la voz ronca.
Le tomó un pezón entre los labios, succionándolo despacio hasta arrancarle un gemido agudo. Pasó al otro de inmediato, dándole un mordisco suave que la hizo dar un brinquito y soltar un jadeo.
—Tranquila, que apenas voy empezando —murmuró Alexander.
Siguió bajando por su abdomen con la lengua, succionando la piel para dejarle marcas hasta llegar a su entrepierna mojada.
—Hueles delicioso, Valentina —susurró pegado a ella.
La sujetó de los muslos, se los acomodó sobre los hombros y pegó la cara a su sexo. Valentina gimió, arqueando la espalda. Con el vestido recogido en la cintura, se tomó las tetas y se apretó los pezones, mientras cruzaba las piernas sobre la cabeza de Alexander para empujarlo contra ella mientras él la lamía.
—¡Carajo, Alexander! —gimió Valentina.
Él continuó moviendo la lengua de manera firme y constante, entrando y saliendo de su sexo para mantener el ritmo sin darle pausa.
Valentina apretó el agarre de sus piernas alrededor de la cabeza de Alexander cuando el ritmo de su lengua se volvió más directo. Un espasmo intenso le recorrió el vientre y las piernas, haciendo que se arqueara contra los cojines en el suelo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....