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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 86

Valentina observó detenidamente a los cuatro hombres que la rodeaban, pero su mirada terminó sobre Anthony, quien mantenía una sonrisa descarada.

—Te dije que te arrepentirías… —susurró Anthony, procurando que solo ella pudiera escucharlo.

Anthony Solís tomó del brazo a Miranda Evans y comenzó a retroceder. Para sorpresa de Valentina, los hombres les abrieron el paso. No tenían ningún interés en ellos. Su único objetivo era Valentina Hart.

—Obedezca, Valentina Luna. No queremos ser groseros —ordenó nuevamente el hombre.

Valentina lo miró de reojo. A pesar de que había demasiada gente en el centro comercial, dudaba que alguien se atreviera a ayudarla. Aquellos hombres tenían toda la apariencia de ser matones y no parecía que estuvieran dispuestos a negociar.

—Bye, Valentina —se burló Miranda.

—Los voy a destruir… —susurró Valentina, mirando con rabia a las dos personas en quienes alguna vez había confiado.

Después volvió la mirada hacia el hombre que parecía ser el líder de los cuatro. Arqueó las cejas, esperando que le indicara por dónde debía caminar.

Valentina comenzó a caminar detrás de los dos hombres que iban delante, mientras los otros dos la seguían de cerca, asegurándose de que no tuviera ninguna oportunidad de escapar.

Sentía una rabia que apenas podía controlar. No tenía tiempo para sentir miedo. Lo único que ocupaba su mente en ese momento era Alexander.

—Suba, señorita Luna —ordenó el hombre mientras abría la puerta trasera del auto negro.

—Soy señora Hart, no señorita Luna —respondió Valentina con molestia antes de subir.

Una vez dentro, esperó unos segundos antes de sacar discretamente su celular. Necesitaba encontrar la manera de comunicarse con Alexander sin que aquellos hombres lo notaran.

—Señora Luna, deje el teléfono donde estaba —advirtió el hombre mientras la observaba por el espejo retrovisor—. No queremos lastimarla por algo tan estúpido.

Valentina apretó el celular entre sus dedos y lo guardó lentamente. Aunque aquellos hombres la habían amenazado para obligarla a acompañarlos, no parecía que tuvieran intención de hacerle daño, al menos mientras ella no los provocara.

El trayecto en el vehículo fue largo y terminó llevándola a las afueras de la ciudad. La rabia que Valentina había sentido al principio comenzaba a ser reemplazada por el miedo, pero no por ella, sino por la posibilidad de no volver a ver a Alexander. Mantuvo la mirada fija en la ventana, intentando memorizar cada detalle del camino, pero poco a poco las calles desaparecieron y fueron reemplazadas por terrenos baldíos.

Finalmente, el vehículo entró a una zona aislada, llena de grandes almacenes metálicos.

El auto se detuvo frente a uno de los almacenes. El hombre bajó de inmediato y abrió la puerta para que Valentina pudiera salir. Cuando ella bajó del vehículo, se dio cuenta de que ya no eran solo los cuatro hombres que la habían acompañado. Había varios hombres más custodiando los diferentes almacenes, distribuidos en distintos puntos del lugar.

—Mierda… —susurró para sí, comprendiendo que escapar no sería una opción.

….

Miranda no apartaba la mirada de Anthony, quien todavía sonreía con orgullo y satisfacción. Sin embargo, después de ver cómo se llevaban a Valentina, comenzó a dudar de lo que acababa de suceder.

La facilidad con la que los hombres los habían dejado ir no tenía sentido. En otra situación, incluso podrían haberlos llevado a ellos, ya que habían visto sus rostros.

—¿Conocías a esos hombres? —preguntó Miranda finalmente.

Anthony dirigió la mirada hacia ella y arqueó una ceja, esperando que aclarara su pregunta.

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