Alexander suspiró profundo, sin apartar a Valentina de él, escuchar sus sollozos le hacían sentir totalmente desarmado, sus ojos se desviaron hacia Nikolái, quien se mantenía con una leve sonrisa.
Alexander respiró profundamente sin soltar a Valentina. Escucharla llorar lo había dejado completamente desarmado. Entonces levantó la mirada hacia Nikolái, quien permanecía frente a ellos con una leve sonrisa.
—Mis hombres llegaron a tiempo y lograron sacar a la señorita Luna del centro comercial —informó Nikolái.
Valentina respiró hondo y giró dentro de los brazos de Alexander para mirar directamente a Nikolái. Su mirada recorrió al ruso de pies a cabeza con desconfianza, mientras ella permanecía pegada a su esposo.
—Soy la señora Hart —dijo con firmeza.
Nikolái arqueó una ceja, todavía con aquella sonrisa en el rostro. Miró de reojo a Alexander. Aunque llevaba tiempo sin verlo, lo conocía demasiado bien y pudo notar lo complacido que estaba porque su esposa hubiera dejado claro que era la señora Hart.
—Mis disculpas, señora Hart —dijo Nikolái—. Yo…
—¿Quién es el matón de cuatro ojos? —preguntó Valentina, mirando a Alexander.
Nikolái frunció el ceño y se señaló a sí mismo.
—¿Matón de cuatro ojos? — Murmuro.
Después miró a Daniel, esperando alguna explicación.
Daniel solo se encogió de hombros. No pensaba corregir a Valentina delante de Alexander. Además, tampoco podía negar que Nikolái tenía cierto aspecto de matón.
—Nikolái Karev —respondió Alexander—. Un conocido…
Nikolái soltó un suspiro. No le sorprendía que Alexander lo presentara así. Sin embargo, ellos habían compartido muchos años de amistad y un pasado que iba mucho más allá de ser simples conocidos.
—¿Por qué carajos ordenó a sus hombres secuestrarme? —Preguntó Valentina cruzando los brazos, ahora que estaba junto a Alexander no sentía miedo.
—Al contrario, señora Hart, mis hombres evitaron que la secuestraran —Respondió Nikolái—. Alguien dio aviso de que se encontraba sola en el centro comercial y la Bratva Dragov se movilizó para llevarla.
—¿Bratva Dragov? —Susurró Valentina—. ¿Qué quiere una organización mafiosa conmigo?
Nikolái miró a Alexander antes de responder, mientras Daniel permanecía en silencio. Valentina no apartó la mirada de él, esperando una explicación.
—Te explicaré después, Valentina —dijo Alexander, aferrando un poco más el agarre sobre su cintura—. Ahora es mejor que nos vayamos de aquí.
—No —respondió Valentina, apartándose de él—. Puedo aceptar que no confíes en mí y que niegues que ese matón de cuatro ojos es tu amigo, pero hay una organización peligrosa detrás de mí y necesito saber qué está pasando. Quiero saberlo ahora, sin secretos.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....