Daniel llegó a la mansión Hart a la mañana siguiente, poco después de que Alexander se marchara. Era mejor así; la conversación que tendría con Valentina debía mantenerse en privado hasta que él considerara necesario informar a Alexander.
—Hola, soploncito —dijo Valentina al llegar a la sala.
Daniel sonrió, resignado a que ese sería su apodo para su jefecita, y respondió con una pequeña reverencia a modo de saludo.
—Jefecita, no tengo mucho tiempo, así que vamos directo al grano —sugirió Daniel.
Valentina asintió, desbloqueó su teléfono y se lo entregó.
—Ese es el número desde el que me llamaron ayer para decirme eso sobre Alexander —dijo con seriedad.
—¿Dijo algo más? —preguntó Daniel mientras anotaba el número en su celular. Sospechaba que probablemente se trataba de un número desechable.
—No… Bueno, no le di tiempo de decir más. Colgué la llamada —respondió Valentina, cruzándose de brazos, como si aquello no le diera demasiada importancia.
Daniel sonrió sin apartar la mirada del celular de Valentina. Cualquier otra persona, al recibir una llamada de ese tipo, probablemente habría intentado averiguar más antes de colgar. Incluso había pensado que Valentina querría investigar si las palabras de aquel desconocido tenían algo de verdad.
—Tengo la ligera sospecha de que es la perra de la psicóloga —comentó Valentina.
—¿Samantha? ¿Por qué? —preguntó Daniel, levantando la mirada hacia ella.
—Porque es la psicóloga de Alexander. Si alguien conoce información confidencial sobre su pasado, es ella —respondió Valentina con seguridad.
Daniel entrecerró la mirada. Valentina podía tener razón, aunque le costaba creer que Samantha estuviera detrás de aquella llamada. Aun así, no descartaría esa posibilidad.
—También sospecho de Miranda y Anthony —añadió Valentina—. Anthony me dijo que conocía a Alexander desde el pasado…
—Sí, estudiamos juntos en la escuela… —murmuró Daniel.
También tendría que considerar a Anthony. Habían estudiado juntos por varios años, y conocía detalles de aquella época que actualmente eran información confidencial.
—Jefecita, ¿qué hará cuando descubra quién está detrás de esa llamada? —preguntó Daniel sin rodeos.
Valentina suspiró y bajó los brazos. Se tomó unos segundos para pensar en la pregunta, aunque para ella la respuesta estaba más que clara.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....