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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 83

Alexander estaba recostado junto a Valentina, observándola mientras trabajaba en la propuesta para su proyecto. Llevaba toda la semana dedicada a ello, además de encargarse de los preparativos para su fiesta de cumpleaños. Alexander comenzaba a sentirse un poco culpable por la presión que le estaba poniendo.

Aun así, Valentina no se había quejado en ningún momento; al contrario, parecía disfrutar cada una de las cosas que estaba haciendo.

Después de varias horas frente a la computadora, Valentina movió lentamente la cabeza de un lado a otro, intentando aliviar la tensión de su cuello. Trabajaba desde la cama porque no tenía otro lugar preparado para hacerlo.

—¿Por qué no utilizas el estudio? —preguntó Alexander al notar el gesto de cansancio.

—Porque es tu estudio —respondió ella sin dejar de teclear—. No quiero que pienses que soy una invasora y que estoy apropiándome de tus cosas.

Alexander soltó una risa silenciosa. Si ella supiera que ya se había apropiado de algo mucho más importante que su estudio: su corazón.

—¿Quieres que te ayude? —preguntó Alexander.

Valentina giró la cabeza para mirarlo. Entrecerró los ojos y soltó un suspiro.

—Alexander, no puedes hacerlo —dijo con firmeza—. Quiero que tomes en serio mi propuesta. Si no aporta algo esencial al proyecto, no quiero que la aceptes solo porque soy tu esposa.

Alexander arqueó las cejas. Aquellas palabras le recordaron su supuesto plan de seducción. Uno de sus objetivos era conocerlo, pero Valentina todavía ignoraba demasiadas cosas sobre él.

—Valentina, este proyecto es muy importante. Créeme, si no considerara que tu propuesta puede aportar algo al proyecto, ni siquiera te habría dado la oportunidad de presentarla —respondió Alexander con sinceridad.

Valentina cerró la laptop y se levantó de la cama de manera repentina. Caminó hasta la mesa, dejó allí la computadora y luego se giró hacia Alexander. Se quedó de pie, cruzó los brazos y lo observó detenidamente.

—Alexander, sobre mi plan de seducción… ¿ha funcionado, aunque sea un poquito? —preguntó directamente.

Alexander permaneció sentado en la cama y arqueó las cejas. Decirle que no sería una maldita mentira, pero tampoco podía admitirle que estaba completamente rendido ante ella. Sería demasiado fácil y, sobre todo, demasiado peligroso para él.

—Bueno, ya no discutimos como antes y hemos tenido demasiada cercanía —respondió él con una sonrisa.

Valentina soltó un suspiro. Sabía perfectamente que con "cercanía" se refería al sexo y, aunque le encantaba estar con él de esa manera, sentía que se estaban quedando solo en la parte física. Ella quería algo más.

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