Alexander llegó a su oficina, donde Daniel seguía revisando los documentos relacionados con las propiedades que Dinora Luna, la abuela de Valentina, había dejado en herencia.
—Al fin llegas. Tienes que revisar esto —dijo Daniel, levantando algunos documentos—. Llevo buena parte del día investigando y hay algo que me resulta sorprendente sobre esta propiedad.
Alexander se quitó el saco y caminó hasta el sofá. Se sentó junto a Daniel y tomó los documentos. A medida que avanzaba en la lectura, su expresión se volvió más seria y entrecerró los ojos.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Alexander sin apartar la mirada de los documentos.
—Sí —afirmó Daniel con seguridad—. La propiedad figura como un inmueble común y, según los registros actuales, su valor no parece ser significativo. Sin embargo, hay algo en esos documentos que no encaja.
Daniel tomó una de las hojas y la revisó nuevamente antes de continuar.
—He encontrado información antigua relacionada con la propiedad y con los terrenos que la rodean. Hay ciertos registros que fueron modificados hace muchos años y otros que, por alguna razón, nunca se actualizaron. Todavía no puedo decirte qué significa todo esto, pero estoy seguro de que hay algo que debemos investigar antes de considerar esa propiedad como un simple bien más de la herencia.
—Bien. Mantén esta información en secreto. En cuanto tengamos algo concreto, se lo informaré a Valentina —dijo Alexander, dejando los documentos sobre la mesa de centro.
Daniel asintió. Aquella propiedad claramente escondía algo importante y, aunque todavía no sabía de qué se trataba, la posibilidad de descubrirlo despertaba su curiosidad.
—Por cierto, ¿qué pasó con Samantha? ¿Qué fue a hacer a tu casa? —preguntó, recordando la ausencia de Alexander.
—Fue a decirle a Valentina que se alejara de mí… —soltó Alexander mientras aflojaba su corbata.
Daniel arqueó las cejas, sorprendido.
—¿Se enojó Valentina? ¿Qué pasó? Cuéntame —preguntó con evidente curiosidad.
Alexander lo miró de reojo al notar lo ansioso que estaba por conocer todos los detalles.
—No del todo. Simplemente me pidió que mantuviera un trato profesional con Samantha —respondió.
—¿En serio? —dijo Daniel, con el rostro lleno de sorpresa—. Pensé que armaría una escena de celos… incluso que te prohibiría volver a verla.
Alexander asintió. Incluso él había esperado una reacción así, pero Valentina había actuado con mucha más madurez de la que imaginaba.
—Dijo que no puede prohibirme seguir viéndola porque es mi psicóloga, pero tampoco se siente cómoda con nuestra cercanía. Por eso quiere que mantenga con Samantha una relación estrictamente profesional. — Comentó Alexander.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....