Alexander y Valentina bajaron al comedor justo a tiempo para la comida. Los veinte minutos habían sido suficientes para que ambos se arreglaran antes de salir de la habitación.
Edward arqueó las cejas al verlos entrar. Alexander intentaba mantener su expresión seria, pero el brillo en sus ojos lo delataba.
—¿Cuánto tendremos que esperar? —preguntó Edward, mirando a su hijo con una sonrisa maliciosa—. ¿Nueve meses?
—Basta, papá —soltó Alexander al entender perfectamente a qué se refería.
Valentina sintió que las mejillas le ardían y tomó asiento rápidamente, evitando la mirada de su suegro.
—¿Nueve meses para qué? —preguntó Amanda, completamente ajena a la insinuación.
—No es nada, mamá —respondió Alexander, tomando asiento junto a Valentina.
—Bueno —dijo Amanda—. Por cierto, Alexander, Valentina y yo hemos avanzado bastante con los preparativos de tu cumpleaños. Incluso ya tenemos el lugar.
Alexander asintió y miró de reojo a Valentina.
—Supongo que será aquí, como todos los años —dijo sin darle demasiada importancia.
—No —respondió Valentina, mirándolo directamente a los ojos—. Quiero que esta vez sea en nuestra casa… ¿Te parece?
Alexander y Edward se sorprendieron al escuchar que la celebración sería en un lugar diferente. Para Alexander, aquel cambio era más que bienvenido; sería la primera fiesta que celebraría en la mansión que había comprado pensando en construir allí su vida junto a Valentina.
—Sí, me parece muy bien —respondió con una leve sonrisa.
Edward asintió y una sonrisa discreta apareció en sus labios. Conocía a su hijo y sabía que, desde que se había casado con Valentina en aquellas circunstancias, Alexander había evitado organizar fiestas o cualquier otro evento en la mansión para no hacerla sentir incómoda.
Que ahora fuera Valentina quien quisiera celebrar allí su cumpleaños demostraba que algo había cambiado. Ahora, ella parecía considerar aquella mansión como su hogar junto a Alexander.
—Por cierto, Daniel se encargará de enviar la lista con los nuevos invitados —comentó Alexander, mirando primero a su madre y después a Valentina.
—Me parece bien. Así Valentina podrá estudiar los nombres y rostros de los invitados y memorizar algunos —comentó Amanda.
Aunque se trataba de una fiesta de cumpleaños, Amanda sabía perfectamente que detrás de muchas de esas invitaciones también había negocios de por medio. Por eso, era importante que Valentina conociera a las personas que asistirían.
—No había tenido oportunidad de preguntarte, ¿cómo te fue el fin de semana con Gabriel Montero? —preguntó Edward, cambiando de tema.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....