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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 78

Valentina rio y asintió, se acercó nuevamente a él.

Alexander colocó las manos en su cintura y la pegó más a su cuerpo, inclinando la cabeza hasta quedar a milímetros de su boca.

—¿Quieres que practiquemos? —murmuró él con voz ronca, acercándose a sus labios— Así podremos estar preparados para cuando llegue el momento.

— Si — Susurro ella.

Alexander la guio hasta la cama. La colocó de espaldas a él y le bajó la cremallera del vestido hasta dejárselo caer a los pies, dejando al descubierto su ropa interior de encaje azul.

Sus manos subieron desde el vientre hasta sus pechos, apretándolos sobre la tela fina mientras restregaba su erección entre las nalgas de ella.

—Siente cómo me tienes, Valentina —le murmuró al oído, justo antes de lamerle el lóbulo.

Ella soltó un jadeo corto y echó la cabeza hacia atrás, pegándose a su pecho. Alexander le zafó el broche del sujetador, le bajó la braga de un tirón y la dejó desnuda.

La acomodó de rodillas, con la cara contra la almohada y la cadera levantada. Se agachó por detrás y le metió la boca directo entre las piernas. Le abrió los labios con los dedos y empezó a lamerle el clítoris, agarrándole las nalgas mientras ella trataba de controlar sus gemidos, temiendo que la escucharan.

—Oh, Alexander... —gimió.

La lengua de Alexander succionaba su clítoris con fuerza mientras le metía dos dedos, entrando y saliendo de ella sin darle tregua. La tenía apretada y húmeda.

—Me vengo... Alexander —volvió a gemir.

Alexander se detuvo en seco. Sacó los dedos y separó la boca de su entrepierna. Valentina se quedó respirando agitada, frustrada por el corte repentino, mientras él se quitaba la ropa a toda prisa.

—Tranquila, nena —dijo, sujetándola de las caderas y dándole un azote en la nalga—. Aún no hemos terminado de practicar.

Alexander apoyó la punta de su verga en la entrada de su coño mojado. Hizo un par de movimientos circulares rozando el clítoris antes de clavársela hasta el fondo de una sola estocada.

Valentina mordió la almohada para ahogar el grito de placer. Él no esperó a que se acostumbrara: apretó el agarre en su cadera y empezó a embestirla con fuerza, marcando un ritmo duro que la sacudía contra el colchón a cada golpe.

—Mierda, Valentina, no puedo ser tierno si tu coño me aprieta la verga de esa manera —jadeó Alexander, sin dejar de embestirla.

Valentina se tragaba los gemidos, apretando la cara contra la almohada. El placer la estaba desarmando, pero no quería que nadie los oyera; después de todo, estaban en la casa de sus suegros.

Alexander le metió una mano por debajo del abdomen hasta rozarle el clítoris. Empezó a presionárselo al mismo tiempo que la embestía.

—Alexander… más, dame más duro… —gimió Valentina.

Alexander salió de ella y retiró su mano, dejando nuevamente frustrada a Valentina. Él se rio sabiendo lo que provocaba al sacársela así, le dio otro par de nalgadas y después la giró para que quedara boca arriba.

—Estúpido nerd cuatro ojos… —susurró con voz jadeante.

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