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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 75

Valentina estaba con Amanda en el jardín de la villa Hart, organizando los preparativos para la fiesta de cumpleaños de Alexander.

Se sentía completamente ansiosa por todo lo que aún faltaba por preparar, desde la comida hasta la lista de invitados. Aunque tenía conocimientos sobre cómo organizar este tipo de eventos, nunca antes había tenido que hacerlo personalmente.

Esta vez quería que todo saliera perfecto, porque no se trataba de cualquier celebración: era el cumpleaños de su esposo.

—Deberías preparar un regalo especial para él durante la fiesta —propuso Amanda—. Como es la primera vez que organizas su cumpleaños, podríamos incluir algo diferente. ¿Qué te parece?

Valentina entrecerró los ojos. No le parecía una mala idea, pero no tenía la menor idea de qué podía regalarle al hombre que parecía tenerlo todo.

—¿Qué podría regalarle? —murmuró para sí misma.

Amanda sonrió al verla tan entusiasmada con los preparativos del cumpleaños de Alexander. Incluso podía notar el interés que tenía en encontrar un regalo especial para él.

Entonces, su mirada se detuvo en la sortija de matrimonio que Valentina llevaba en el dedo. Era una pieza que su hijo había mandado hacer especialmente para ella.

—Aún recuerdo cuando Alexander me dijo que se casaría —dijo Amanda, tomando la mano de Valentina—. Estaba tan emocionado que ese mismo día mandó a diseñar tu sortija.

Valentina arqueó las cejas, sorprendida. Era la primera vez que escuchaba aquello. Hasta ese momento nunca se había interesado demasiado por nada relacionado con su matrimonio; llevaba la sortija porque era parte de su deber como señora Hart. Sin embargo, debía admitir que siempre le había parecido una joya elegante y que le encantaba.

—Creo que ya sé qué voy a regalarle —dijo Valentina con entusiasmo, todavía contemplando la sortija en su dedo.

Amanda iba a preguntarle qué había pensado cuando una de las empleadas se acercó y, después de hacer una reverencia.

—Señora, el señor Alexander acaba de llegar. — Anunció.

Valentina levantó la mirada de inmediato. No esperaba verlo tan pronto, pero una sonrisa apareció en su rostro al escuchar que estaba allí.

—¿Dónde está? —preguntó Amanda, divertida al notar la reacción de su nuera.

—Está en el estudio, con su padre —respondió la empleada.

Amanda asintió y miró a Valentina.

—Perfecto. ¿Se quedan a comer? —preguntó.

—Claro, suegra —respondió Valentina sin pensarlo dos veces.

Aunque esperaba que él no se molestara por haber aceptado sin consultarle.

….

—Padre, ¿por qué le hablaste a Samantha? —preguntó Alexander sin rodeos.

—Porque estoy preocupado por ti, Alexander —respondió Edward con la misma franqueza.

Alexander dejó el vaso sobre la mesa y lo miró con seriedad.

—Samantha fue a ver a Valentina. Le pidió que se alejara de mí —dijo, conteniendo el enojo.

Edward negó con la cabeza, no se imagino que decirle a Samantha sobre el repentino cambio de Valentina, la llevara a hacer tal cosa.

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