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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 76

—No te lo digo para asustarte, Valentina —añadió Edward al notar el temor en su mirada—. Simplemente… Alexander es mi único hijo. Lo amo y no quiero verlo sufrir.

Valentina suspiró y asintió. Aquel amor paternal que Edward demostraba por su hijo era algo que ella desconocía. Su propio padre jamás había mostrado un interés verdadero por ella.

—Entiendo, suegro —dijo ella con una sonrisa—. Le prometo que no le haré daño a Alexander…

Edward asintió y sonrió. Nunca había considerado a Valentina una mujer cruel; simplemente había sido obligada a casarse sin amor. Aunque su hijo también había tenido parte de responsabilidad en aquello, para Edward el verdadero culpable era Diego Luna, por haber entregado a su propia hija de aquella manera.

—Por cierto, suegro… —dijo Valentina mientras jugueteaba nerviosamente con sus dedos—. Quiero pedirle un favor.

—¿Qué es? —preguntó Edward al notar su nerviosismo.

—¿Podría prestarme dinero? —preguntó, sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban.

Edward arqueó las cejas, sorprendido. No entendía el motivo de aquella petición. Después de todo, ella era Valentina Hart, la esposa de su hijo; no debería tener problemas de dinero.

—¿Alexander empezó a limitarte el dinero? —preguntó.

Valentina lo miró confundida y negó con la cabeza.

—No es eso… Es que pronto será el cumpleaños de Alexander y quiero comprarle un regalo especial —confesó en voz baja—. Pero no quiero comprarlo con su propio dinero. No tendría sentido.

Edward mantuvo el gesto serio, aunque tuvo que contener la risa ante la petición de Valentina. Le parecía increíble que ella hubiera llegado al punto de pedirle dinero para poder comprarle un regalo a Alexander, cuando prácticamente él podía darle todo lo que quisiera.

—Está bien, te lo prestaré —aceptó Edward—. ¿Cuánto necesitas?

Valentina se encogió de hombros. No tenía la menor idea. Nunca había tenido que pedir dinero para comprar algo y mucho menos había pensado en cuánto podría costarle el regalo que quería darle a Alexander.

—Hagamos esto —propuso Edward con una sonrisa—. Cuando sepas cuánto cuesta el regalo de Alexander, envíame un mensaje y te haré la transferencia de inmediato. ¿De acuerdo?

—Sí, suegro —respondió Valentina, visiblemente emocionada—. Se lo devolveré en cuanto reciba la herencia que me dejó mi abuela.

La sonrisa de Edward desapareció al escuchar aquello.

—¿La herencia de tu abuela Dinora Luna? —preguntó, mirándola con atención.

Valentina asintió con una amplia sonrisa.

—Sí. En ocho meses, aproximadamente, podré hacer uso de ella. Espero que pueda esperarme hasta entonces, suegro —dijo.

—No te preocupes —respondió Edward—. Valentina, ¿sabes exactamente qué propiedades recibirás como parte de esa herencia?

Valentina cruzó los brazos y negó con la cabeza. Nunca había prestado demasiada atención a la herencia que su abuela le había dejado. Solo sabía que incluía una parte de las acciones del corporativo Luna y algunas propiedades que habían pertenecido a su abuela.Principio del formulario

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