Alexander giró ligeramente la cabeza hacia Valentina. En ese momento, sus miradas se encontraron y ella le dedicó una sonrisa llena de ternura, de esas que todavía conseguían desarmarlo.
—Alexander —lo llamó Gabriel—. Me sorprende que hayas venido con tu esposa. La noche de la gala anual me dijiste que ella no asistiría.
Alexander volvió la mirada hacia Gabriel y sonrió. Al principio, ese era el plan. Después de todo, antes de aquella noche, su relación con Valentina seguía siendo distante y estaba marcada por constantes discusiones.
—Bueno, le seré sincero —respondió Alexander, dirigiendo una breve mirada hacia Anthony.
Prefería contar una parte de la verdad antes de darle la oportunidad de hacerlo a él y arriesgar el negocio que estaba por cerrar con Montero
—Valentina estaba enojada conmigo por algunas cosas sin sentido —finalizó.
—Vaya, ¿y ya está todo solucionado? —intervino Anthony—. ¿O la obligaste a venir?
Alexander tuvo que contenerse para no rodar los ojos. No podía creer que Anthony siguiera aferrándose a sus propias ideas después de todo lo que Valentina había dejado claro durante el desayuno.
—Mi esposa y yo estamos mejor que nunca —respondió con una sonrisa tranquila.
….
Unos minutos después, finalmente llegaron a la laguna que Sofía Montero había mencionado. Allí los esperaba un pequeño descanso con bebidas frías y algunos aperitivos.
Alexander bajó del caballo y se acercó a Valentina para ayudarla. Apenas ella puso los pies en el suelo, se dejó caer en sus brazos. El dolor en sus caderas era intenso y sus piernas apenas le respondían.
—En serio, espero que tu masaje sea bueno —susurró, agotada.
Alexander colocó las manos en su cintura y, sin importarle que los demás pudieran verlos, se inclinó para darle un tierno beso en el cuello.
….
Miranda y Anthony se apartaron unos instantes. Ella estaba molesta por la actitud que Anthony había tomado con respecto a Valentina.
—¿Qué fue lo del desayuno? —preguntó en voz baja, aunque su tono dejaba claro su enojo.
—Nada —siseó Anthony, mirando de reojo a Valentina, quien permanecía junto a Alexander—. M****a, ese maldito nerd no me va a quitar lo que es mío.
Miranda cruzó los brazos y frunció el ceño. Nunca había visto a Anthony reaccionar de esa manera por Valentina. Aquella actitud solo podía significar una cosa: estaba celoso.
—Anthony, tienes que concentrarte —dijo Miranda—. Dijiste que este negocio es importante para ti. ¿Vas a permitir que Alexander se quede con él?
Anthony dirigió la mirada hacia ella y frunció el ceño.
—Por supuesto que no. Ese imbécil no me va a quitar nada —masculló, dejando de lado por un momento su enojo con Valentina.
…

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....