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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 59

Después de la cena, Sofía llevó a Valentina y Miranda a una terraza cubierta apartada del jardín. Los hombres permanecieron en el mismo lugar, pero en el extremo opuesto, donde continuaban conversando mientras bebían un trago.

—Ellos solo hablarán de negocios. —Dijo Sofía, mirando hacia los tres hombres.

Miranda sonrió y miró cómo les servían chocolate caliente, aunque en el fondo se le antojaba una bebida fuerte para calmar los nervios.

—Valentina, no sabía que estabas tan involucrada en los negocios. —Dijo Sofía, mirándola.

—No lo estoy realmente. —Respondió Valentina con sinceridad.

—Es cierto. Valentina prefiere pasar el día de compras. —Añadió Miranda con una falsa sonrisa.

Valentina entrecerró los ojos, pero mantuvo la sonrisa mientras tomaba un sorbo de chocolate.

—Así es, Alexander me consiente demasiado. —Respondió con tranquilidad— Pero cuando supe que quería cerrar este negocio con el señor Montero, me interesó conocer un poco más sobre el proyecto. Si es algo importante para él, también quiero entenderlo y poder apoyarlo.

—Buen punto. —Dijo Sofía— Lo entenderás mejor cuando te cases, Miranda.

Miranda asintió manteniendo la sonrisa, aunque por dentro estaba llena de rabia. Valentina estaba ganando terreno con Sofía y eso era lo último que necesitaba.

Valentina bebió otro sorbo de chocolate, pero su mirada buscaba constantemente a Alexander. Después de la conversación que habían tenido en la recámara, ninguno de los dos había dejado claro qué pasaría entre ellos.

Y por la expresión seria de Alexander al otro extremo del lugar, parecía que todavía seguía molesto con ella por lo ocurrido al llegar.

—Por cierto, Valentina. —Habló Miranda— Pronto será el cumpleaños de Alexander. Me imagino que tu suegra ya estará preparando la gran fiesta...

Valentina suspiró y dejó la taza sobre la mesa de centro. Con una servilleta limpió la comisura de sus labios y clavó la mirada en Miranda. Era evidente que buscaba la manera de hacerla quedar mal frente a Sofía.

—¿Tu suegra se encarga de organizar el cumpleaños de tu esposo? —Preguntó Sofía, con cierta desaprobación.

Valentina la miró y asintió con una expresión apenada.

—Como le dije, Alexander me consiente demasiado. Nunca quiso que me agobiara con ese tipo de cosas. —Respondió con tranquilidad— Además, apenas llevábamos dos años de casados y simplemente queríamos disfrutar un poco de nosotros.

Valentina hizo una breve pausa y sonrió.

—Pero este año será diferente. Personalmente estoy organizando su cumpleaños y también preparamos un viaje en familia. Quiero que Alexander tenga un día especial, esta vez hecho por mí.

Sofía asintió y sonrió. Después dirigió una mirada discreta hacia Miranda y notó el recelo y la rabia que intentaba ocultar cada vez que miraba a Valentina.

Con la misma discreción, Sofía dirigió su mirada hacia Valentina. Sin embargo, ella ni siquiera parecía interesada en Miranda. Sus ojos volvían una y otra vez hacia Alexander, como si lo único que quisiera en esos momentos fuera estar cerca de él.

—Deben estar cansadas por el viaje. —Dijo Sofía, dejando la taza de chocolate sobre la mesa de centro— ¿Qué les parece si vamos a descansar?

Los ojos de Valentina se iluminaron de inmediato. Sin poder evitarlo, volvió la mirada hacia Alexander. Esta vez sus ojos se encontraron y él también la observaba desde el otro extremo del lugar.

—Aunque será difícil. Una vez que los hombres empiezan a hablar de negocios, difícilmente los haces soltar el tema. —Añadió Sofía.

Valentina soltó un pequeño suspiro. Justo cuando pensaba que podría irse con Alexander, parecía que tendría que esperar un poco más.

—Es normal, los negocios son importantes. —Dijo Miranda con confianza.

Sofía asintió sin decir nada más.

Las tres se levantaron y caminaron hacia sus respectivas parejas.

En cuanto Alexander vio a Valentina acercarse, su atención se desvió por completo de la conversación. La miró con demasiada atención, olvidándose por unos segundos de lo que Gabriel estaba diciendo.

—¿Todo bien? —Preguntó Alexander.

Gabriel guardó silencio y entrecerró la mirada. Había notado perfectamente cómo Alexander había dejado de prestarle atención en cuanto su esposa se acercó.

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