Valentina estaba de pie en medio de la recámara, esperando a Alexander. Ya se había tardado más de lo que imaginaba, pero no le importaba. Había cometido un error esa tarde y quería compensarlo. No pensaba dejar que terminara la noche con Alexander molesto con ella.
Alexander entró justo en ese momento. De inmediato la devoró con la mirada. Se veía jodidamente hermosa y sexy con aquel camisón. Pasó una mano por su cuello al recordar las palabras que le había dicho a Anthony.
Tal vez se había pasado.
Hablar de su intimidad con Valentina podía haber sido un error. Aun pensaba que ella todavía tiene sentimientos por Anthony y, si llegaba a enterarse de lo que había dicho, podía molestarse con él por revelar algo tan privado.
Aunque una parte de él también disfrutaba haberlo hecho. Anthony necesitaba entender que Valentina ya era su mujer.
—¿Cómo te fue? —Preguntó Valentina, acercándose a él.
Valentina no se contuvo y comenzó a ayudarlo a quitarse el saco. Lo tomó y lo dejó sobre el sofá que estaba cerca.
—La señora Montero en serio nos está evaluando. —Continuó, acercándose nuevamente a él mientras empezaba a desabotonarle la camisa — Pero creo que esta noche no nos fue mal. Dimos una muy buena primera impresión.
Alexander no apartaba la mirada de ella. Dudaba si debía contarle la conversación que había tenido con Anthony y, sobre todo, confesarle que había utilizado su intimidad para provocarlo. Sabía que Valentina podía molestarse al descubrirlo, y no estaba seguro de querer arruinar el avance entre ellos.
—Mañana me esforzaré más... —Añadió, mordiendo ligeramente su labio mientras observaba el torso definido de Alexander.
Alexander sujetó su rostro entre las manos y la besó con fuerza, hundiendo la lengua hasta el fondo de su boca.
Valentina le respondió el beso sin dudar. Sus manos se tensaron sobre el torso de él y bajaron rápido hacia la cintura, buscando con desesperación desabotonarle los pantalones.
Alexander terminó el beso de golpe, la sujetó de la mano y tiró de ella hasta la cama, donde la acostó boca abajo.
Le agarró las caderas y se las levantó para mantenerle la espalda baja. De un jalón le subió el camisón y le hundió dos dedos directo en el coño.
Valentina soltó un fuerte gemido. Sentía a Alexander distinto, pero no podía negar que esa forma de tomarla le estaba gustando.
— Alexander… — Gimió.
Él no le hizo caso. Estaba demasiado cegado en esos momentos; lo único que quería era olvidarse de todo y dejarse llevar por lo que sentía por Valentina. Quería demostrarle que con él no tendría que conformarse con nada, que podía darle todo lo que quisiera.
Sacó los dedos de golpe, se bajó los pantalones y acomodó la verga en su entrada. De una sola estocada la embistió hasta el fondo.
Valentina gritó de placer y arqueó la espalda mientras Alexander la embestía con fuerza y rapidez, marcando un ritmo implacable.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....