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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 58

Alexander y Valentina salieron de la recámara para cenar con los Monteros. Al llegar al comedor, Anthony y Miranda ya se encontraban ahí, aunque los anfitriones todavía no habían llegado.

—Valentina. —Dijo Miranda, acercándose a ella— Me gustaría hablar contigo.

Valentina frunció el ceño. Esta vez no permitiría que la rabia volviera a dominarla. No quería que Alexander tuviera que soportar otra escena por culpa de Miranda.

— A mi no me interesa escucharte. —Respondió con frialdad, aferrándose al brazo de Alexander.

Anthony frunció el ceño y apretó los puños con rabia. Empezaba a detestar la forma en que Valentina se aferraba a Alexander Hart, como si quisiera dejarle claro que ahora estaba de su lado.

—¿Qué le hiciste, Hart? —Preguntó, colocándose junto a Miranda.

Alexander arqueó una ceja, sin entender la pregunta.

—Hace unos días juraba odiarte para toda la vida y ahora no puede separarse de ti. —Dijo Anthony con una sonrisa cargada de rabia— ¿Qué hiciste para conseguir que cambiara de opinión tan rápido?

— Dejó de conformarse con tan poco. —Respondió Alexander con una sonrisa ladina.

Anthony dio un paso hacia ellos, furioso por la provocación. Su mirada se clavó en Alexander, pero antes de que pudiera responder, los anfitriones hicieron su aparición en el comedor.

—Lamentamos la demora. —Dijo Gabriel Montero, un hombre de unos cincuenta años que se mantenía en excelente forma. A su lado iba una mujer elegante, de cabello castaño recogido en una coleta alta.

Las dos parejas cambiaron de inmediato su actitud. Alexander y Anthony dejaron de lado el enfrentamiento de hacía unos segundos. Ninguno pensaba desperdiciar la oportunidad de cerrar un importante negocio con Gabriel Montero.

—Alexander, qué gusto verte de nuevo. —Dijo Gabriel, acercándose al matrimonio Hart para saludarlos.

—El gusto es mío, Gabriel. —Respondió Alexander— Ella es mi esposa, Valentina.

—Mucho gusto, señor Montero. — Sonrió

—El gusto es mío, Valentina. —Respondió.

Gabriel se giró hacia Anthony y Miranda.

—Señor Solís, me han dado muy buenas referencias de usted.

Anthony sonrió y estrechó su mano. Antes de responder, dirigió una breve mirada hacia Valentina. Todo aquello había sido posible gracias a la influencia de su abuelo.

—Es un placer finalmente conocerlo, señor Montero. —Dijo Anthony con seguridad— Ella es Miranda Evans, mi prometida.

Miranda sonrió con orgullo y tomó la mano de Gabriel para saludarlo. Ser presentada como la futura señora Solís era algo que la llenaba de satisfacción.

—Les presento a mi amada esposa, Sofía Montero. —Dijo Gabriel con orgullo, señalando a la mujer que se aferraba a su brazo.

Sofía sonrió y dirigió una breve mirada hacia Miranda y después hacia Valentina. Ambas eran mujeres hermosas, pero eso no era lo que más le interesaba. Para ella, la forma en que un hombre trataba a su pareja decía mucho de quién era realmente.

Prefería que su esposo hiciera negocios con hombres que tenían a una mujer a su lado, apoyándolos y compartiendo sus decisiones, no con aquellos que simplemente la mantenían al margen.

—Mucho gusto. Espero que disfruten de este fin de semana en la hacienda Montero. Será un placer tenerlos como nuestros invitados.

Valentina y Miranda mantuvieron sus sonrisas. El objetivo de ambas era convencer a Sofía Montero de que sus respectivos esposos eran los hombres adecuados para cerrar el negocio con Gabriel, aunque ninguna tenía todavía una idea clara de cómo conseguirlo.

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