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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 57

Valentina y Alexander fueron guiados hasta la recámara donde se quedarían ese fin de semana. La tensión entre ambos era evidente. Valentina sabía que debía explicarle a Alexander el motivo de su reacción. En realidad, solo había actuado por rabia. Era irónico que ahora ni siquiera Anthony y Miranda se atrevieran a negar lo que existía entre ellos.

—Pueden refrescarse un rato —Dijo el mayordomo — El señor Montero y su esposa los esperan para la cena a las nueve en punto.

Valentina asintió con una sonrisa forzada. Después de que el mayordomo se marchó, se quedó mirando a Alexander. Él se quitó el saco y comenzó a aflojarse la corbata, claramente molesto.

Valentina sabía que no podía seguir evitando la conversación. Si quería que Alexander entendiera lo que había ocurrido, tendría que explicárselo de una vez.

—Alexander... —Se acercó a él, colocándose frente a él.— Lo que pasó afuera...

—Es evidente que te pusiste celosa porque Miranda fue presentada como la “señora Solís”. —La interrumpió Alexander, retrocediendo.

—Claro que no es así. —Soltó, cruzándose de brazos.— Me da igual si termina convirtiéndose en la señora Solís. Lo que no puedo evitar es sentir rabia por lo descarados que son.

Dio un paso al frente y bajó los brazos. Soltó un suspiro antes de mirarlo directamente a los ojos.

—Me duele lo que hicieron, pero no porque todavía ame a Anthony. Me duele por la traición. Fui una estúpida todos estos años, creyendo en ellos y dejando que me manipularan. Me hicieron creer cosas que ni siquiera me tomé el tiempo de comprobar por mí misma.

Alexander se la quedó mirando durante varios segundos, sin decir una palabra. Podía ver cómo los ojos de Valentina se empañaban de lágrimas, y aquello seguía siendo su punto débil. Verla así hacía que quisiera acercarse y olvidarse de todo. Pero no podía.

Durante demasiado tiempo había soportado sus desplantes, sus rechazos y la forma en que ella dejaba claro que no quería nada de él. Ahora que Valentina comenzaba a acercarse, no podía simplemente olvidar todo eso porque la viera llorar.

Si realmente quería jugar al mismo juego de seducción, Alexander también podía jugar. Solo que esta vez no pensaba ponérselo fácil. No quería verla sufrir, pero tampoco podía fingir que nada había pasado.

—Valentina. Empezaste a acercarte a mí porque quieres vengarte de ellos —Dijo Alexander finalmente — Pero ¿realmente podrás hacerlo? ¿Podrás vengarte del hombre que dijiste amar durante tantos años? ¿De la amiga a la que le confiabas todo y hacías todo lo que te decía?

Valentina no apartó la mirada. Aquellas preguntas le habían revuelto el estómago. Ella había pensado en vengarse en un momento de rabia, y seducir a Alexander le pareció la mejor manera de hacerlo.

—Si tu plan de seducción funciona y acepto ayudarte a vengarte de ellos, ¿qué quieres que haga? —Preguntó Alexander.

Él la observó durante unos segundos antes de continuar.

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