Valentina bajó del auto con la ayuda de Alexander. Habían llegado al aeropuerto privado, desde donde viajarían directamente hasta la hacienda Montero.
Sería oficialmente el primer viaje que harían juntos. No le importaba que fuera por negocios; estaba emocionada por todo lo que pudiera pasar durante el viaje.
—Señor Hart, todo listo para despegar. —Informó el jefe de seguridad.
Alexander asintió, rodeó la cintura de Valentina con un brazo y la guio hasta el jet privado.
Al subir al jet, Valentina se sorprendió al ver lo lujoso que era. Ni siquiera se comparaba con el avión de su familia. Tomó asiento y Alexander se encargó de abrocharle el cinturón de seguridad.
—Es muy importante este viaje, ¿no? —Preguntó Valentina.
—Un poco, sí. —Respondió Alexander— Mi padre intentó hacer negocios con el señor Montero hace algunos años, pero cuando su salud comenzó a deteriorarse, ya no fue posible concretar nada.
—Vaya, entonces sí es muy importante dar una buena impresión. —Susurró Valentina.
Alexander sonrió, se inclinó hacia ella y le dio un beso en la mejilla.
—Gracias por acompañarme. —Dijo— Te seré sincero, el señor Montero fue muy específico conmigo. Quería que viniera con mi esposa.
—¿Por qué? —Preguntó Valentina.
—Quiere que conozcas a su esposa. —Explicó Alexander— Al parecer, para él es importante que nuestras esposas también tengan una buena relación antes de avanzar con los negocios.
—Así que también tengo que caerle bien a la señora Montero. — Dijo con una sonrisa nerviosa.
—Digamos que ayudaría bastante. —Respondió Alexander.
Valentina asintió y se acercó a él para darle un breve beso en los labios.
—Me voy a esforzar mucho entonces. —Dijo decidida.
Alexander asintió. Cada día le resultaba más difícil no enamorarse aún más de ella. Valentina simplemente se comportaba diferente; era más atenta, cariñosa y espontánea con él. La mujer que durante tanto tiempo había mantenido distancia ahora parecía disfrutar cada vez más de estar a su lado.
Valentina se recostó sobre el hombro de Alexander para dormir un rato durante el viaje. Aunque todo había comenzado como parte de su plan para vengarse de la traición de Anthony y Miranda, cada día que pasaba junto a Alexander le hacía sentir algo que no esperaba.
….
Anthony estaba en el aeropuerto, a punto de tomar un vuelo, cuando finalmente llegó Miranda.
—Ya llegué, bebé. —Dijo ella con emoción.
—Perfecto. Es hora de irnos. —Sonrió, tomando su mano.
Ambos se dirigieron a la fila para abordar el avión.
—Recuerda que tienes que hacer el papel perfecto de novia enamorada. —Dijo Anthony mientras avanzaban por el pasillo de abordaje.
—Lo haré, bebé. —Respondió Miranda con seguridad.— Si consigo ganarme a la esposa de Montero, podrás cerrar ese negocio millonario y después comprarme lo que quiera.
Anthony soltó una risa orgullosa. Había conseguido que Valente Luna le abriera las puertas para negociar directamente con Gabriel Montero. Si lograba cerrar aquel acuerdo, obtendría una fortuna.
Pero eso no cambiaba sus otros planes. La herencia de Valentina seguía siendo su objetivo.
…
Al llegar al aeropuerto privado de la hacienda Montero, ya era de noche. La temperatura había bajado y el frío se hacía sentir aún más por la gran cantidad de vegetación que rodeaba el lugar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....