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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 49

Al llegar al consultorio, Valentina entró en compañía de Alexander.

La doctora recorrió con la mirada a Alexander Hart, quien ni siquiera le prestó atención. Valentina, en cambio, frunció el ceño al notar cómo aquella mujer se atrevía a mirar a su esposo de esa manera frente a ella.

—Señorita Hart...

—Señora. —Corrigió Valentina, mostrando su anillo de matrimonio— Seré breve, doctora. Solo necesito que me recomiende un método anticonceptivo.

Alexander la miró confundido. La consulta también era para que mencionara la molestia que había sentido con el uso del condón, pero por la forma en que Valentina hablaba, parecía que no tenía ninguna intención de mencionarla.

—Por supuesto, señora Hart. —Dijo la doctora— Le haré algunas preguntas y, con base en sus respuestas, podré decirle cuál es el método más adecuado para usted.

Las preguntas fueron sencillas y Valentina respondió con un sí o un no hasta que llegaron a una que la hizo sonrojarse ligeramente.

—¿Con qué frecuencia mantiene relaciones sexuales? —Preguntó la doctora con formalidad.

Valentina se quedó en silencio por un segundo y miró de reojo a alexander que estaba sentado a su lado.

—Últimamente... bastante seguido. —Respondió con una sonrisa.

Alexander ocultó la suya. Apenas habían comenzado el sábado y ninguno de los dos había conseguido contenerse.

—Por lo que me ha contado, tenemos estás dos opciones— Explicó la doctora— Una de ellas es la píldora diaria; tendría que tomarla todos los días y, de preferencia, a la misma hora. La otra es la inyección anticonceptiva, que se aplica cada tres meses.

Valentina escuchó con atención. No sería difícil tomar la píldora todos los días, aunque podía resultar un poco tedioso. Además, nunca había sido muy fanática de las inyecciones.

—La píldora diaria. —Respondió finalmente, mirando de reojo a Alexander.

—Muy bien, señora Hart. —Dijo la doctora— Le explicaré cómo debe tomarla y qué debe hacer si algún día olvida una dosis. También le indicaré cuándo comenzar para que el método sea efectivo.

Alexander permanecía en silencio, escuchando atentamente las indicaciones de la doctora. No pensaba dejarle toda la responsabilidad a Valentina; estaba dispuesto a estar pendiente de que tomara la píldora correctamente.

Cuando salieron del consultorio, caminaron hasta el elevador. Una vez que las puertas se cerraron y quedaron solos, Alexander finalmente decidió hablar.

—¿Por qué omitiste lo de la molestia con el condón? —Preguntó sin rodeos.

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