Valentina fue guiada por una empleada hasta el jardín de la mansión de la familia Hart. Era incluso más grande que el de la casa donde vivía con Alexander, aunque tenía un estilo más contemporáneo, mientras que la mansión de Alexander era mucho más moderna.
—Valentina, qué gusto que hayas venido —Dijo Amanda al verla llegar.
Se levantó de su silla y se acercó a ella para saludarla con un cálido abrazo, al que Valentina respondió.
—Suegra, gracias por la invitación —Respondió Valentina.
Amanda la guio hasta la mesa y ambas tomaron asiento.
—Bueno, la verdad me sorprendió que hayas aceptado venir —Dijo Amanda mientras servía un poco de limonada para Valentina—. La mayoría de las veces rechazas mis invitaciones.
Valentina se sintió avergonzada. Amanda tenía razón, la mayoría de las veces que la invitaba a salir, ella buscaba cualquier excusa para rechazarla. Rara vez aceptaba o simplemente lo hacía por instrucciones de Alexander
—Prometo que a partir de ahora vendré más seguido a verla. —Dijo con sinceridad.
Amanda se la quedó viendo y asintió. Había algo diferente en Valentina ese día. En el pasado, durante sus visitas, siempre parecía molesta o ansiosa por marcharse cuando apenas acababa de llegar.
—Veo que pasaste un gran fin de semana. —Dijo Amanda.
Valentina se puso roja de inmediato. Su mente voló al fin de semana que había pasado con Alexander y a todo el sexo que habían tenido.
Pero... ¿cómo lo sabía Amanda?
Amanda desbloqueó la pantalla de su teléfono y se lo pasó a Valentina. Ella se inclinó un poco para mirar.
—¿Esposa ambiciosa? —Susurró al leer la nota amarillista sobre la compra del Corazón Diamante.
—Suegra, yo... —Intentó decir Valentina, pero se quedó callada, avergonzada al leer aquella nota.
Amanda soltó una pequeña risa.
—Parece que Alexander está decidido a competir con su padre para ver quién consiente más a su esposa. —Dijo Amanda con tranquilidad.
Valentina la miró confundida.
—Edward también ha hecho compras fuera de lugar solo para consentirme. —Dijo Amanda— Así que no te aflijas cuando aparezcan este tipo de notas. Ser la señora Hart tiene sus pros y sus contras.
Valentina suspiró y asintió. Hasta ese momento no había tenido tiempo de enterarse de nada de lo que se había publicado. El fin de semana había sido demasiado intenso como para estar pendiente de las noticias.
—Pero bueno, te llamé por otra cosa. Algo mucho más importante. —Dijo Amanda — El cumpleaños de Alexander.
—¿Qué? —Preguntó Valentina con sorpresa.
—Es en dos meses. —Añadió Amanda— ¿Lo olvidaste?
Valentina se quedó mirándola con evidente sorpresa. No era que lo hubiera olvidado, simplemente nunca había sabido cuándo cumplía años Alexander. En el pasado, jamás se había interesado lo suficiente como para preguntarlo.
— Bueno yo… lo siento — Dijo finalmente bajando la mirada avergonzada.
Amanda sonrió. Aunque apreciaba mucho a Valentina, sabía que el matrimonio entre ella y su hijo había sido por motivos de negocios. Incluso ella misma se había opuesto a esa unión, pero no pudo hacer nada al respecto.
Alexander se había empeñado en casarse con Valentina y no hubo manera de hacerlo cambiar de opinión.
—Cada año se hace una fiesta en su honor. Has asistido durante los últimos dos años. —Aclaró Amanda.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....