Alexander la recostó sobre la cama y permaneció a su lado unos segundos, sin dejar de mirarla.
—Pensé que lo de anoche no te había gustado... —Murmuró Valentina.
Alexander entrecerró la mirada y apartó un mechón de cabello de su rostro.
—¿Por qué piensas eso? —Preguntó.
—No esperaste a que despertara... y preferiste irte a trabajar en lugar de quedarte conmigo. —Respondió, inflando levemente las mejillas.
Alexander soltó un suspiro. Daniel había tenido razón.
—Lo siento, Valentina. Fue un error. —Dijo antes de besar suavemente su frente.
Ella levantó la mirada y sonrió apenas.
—¿Te gustó coger conmigo? —preguntó ella con timidez.
—Me encantó —susurró.
En ese momento tocaron la puerta. Lucía entró acompañada de dos empleadas, cada una con una bandeja de comida.
—Gracias, Lucía. —Dijo Valentina sin levantarse de la cama.
Alexander sí se puso de pie y se acercó a Lucía.
—Nana... ¿Y mi botella de whisky? —Preguntó, señalando discretamente la mesa donde ahora descansaba el florero con rosas.
—La señora ordenó que la quitáramos. —Respondió Lucía— Dijo que ella no bebe.
Alexander arqueó las cejas y dirigió la mirada hacia Valentina. Estaba acostumbrado a tomar un poco de whisky por las noches, pero su esposa había hecho varios cambios en la recámara sin siquiera consultárselo.
Cuando las empleadas se retiraron, Valentina salió de la cama e intentó caminar. Apenas dio un par de pasos, sus piernas volvieron a fallarle y terminó en el suelo, igual que esa mañana.
Alexander sonrió de lado. Su ego volvió a inflarse por un instante.
—Me duele... —Murmuró Valentina, haciendo una mueca.
La sonrisa de Alexander desapareció de inmediato. Se acercó con rapidez, la cargó en brazos y la llevó hasta la mesa donde estaba servida la comida.
—Valentina... —Dijo él mientras la observaba comer con tranquilidad.— ¿Por qué mi botella de whisky tuvo que desaparecer?
Valentina levantó la mirada, tomó la servilleta y limpió la comisura de sus labios.
—No me gusta el whisky. —Respondió.— ¿Acaso bebes todas las noches?
—Antes de dormir suelo tomar uno o dos vasos. Me ayuda a relajarme después del trabajo. —Contestó con calma.
Valentina guardó silencio unos segundos antes de sonreír.
—¿Y si, en lugar del whisky... me dejas intentarlo a mí?
Alexander sonrió de lado y se inclinó hacia ella hasta que sus rostros quedaron a escasos centímetros.
—¿Cómo? —Murmuró con su ronca voz.
—Dándote masajes, cuatro ojos... —Respondió Valentina con una sonrisa.
Alexander soltó un suspiro, rodó los ojos y se apartó. Tomó un vaso de agua y empezó a beber.
—¿O prefieres coger todas las noches? —Preguntó Valentina de repente.
Alexander se atragantó con el agua y comenzó a toser.
—¿Qué acabas de decir? —Preguntó, recuperando el aliento.
Valentina sonrió con toda la inocencia del mundo.
—Eso…coger todas las noches — Respondió.
Alexander soltó una risa baja y apartó la mirada unos segundos. Cada día Valentina era más directa, y ella sola conseguía hacer que perdiera esa calma que siempre lo caracterizaba.
—Por cierto, mañana iré a ver a tu mamá. —Dijo, cambiando de tema repentinamente.
—¿Para qué? —Preguntó Alexander, recuperando la seriedad.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....