Valentina abrió los ojos lentamente. Todo lo ocurrido la noche anterior volvió a su mente. Había cogido con Alexander y no pudo evitar sonreír. No se arrepentía de nada. Había sido la mejor noche de su vida.
Se giró sobre la cama, esperando encontrar a Alexander a su lado, pero el otro lado estaba completamente vacío.
Se sentó de golpe en la cama y, en ese momento, sintió un fuerte dolor en las caderas. Soltó un leve gemido y suspiró.
—Mierda... —Murmuró para sí.
Justo entonces, Alexander salió del vestidor. Ya llevaba puesto un traje, aunque no se había colocado corbata.
—¿Estás bien? —Preguntó al notar su gesto de dolor.
Valentina levantó la mirada y asintió. Lo recorrió con la vista y entonces recordó que era domingo.
—¿A dónde vas? —Preguntó.
— A la oficina — Respondió él con calma.
—Es domingo... —Dijo — ¿No puedes quedarte?
Alexander negó con la cabeza. Tenía que ir a la oficina a resolver unos asuntos. Incluso ya había quedado con Daniel para reunirse ahí.
—Tengo algunas cosas que atender, Valentina. —Respondió con calma.
Valentina soltó un suspiro y asintió. En el fondo se sintió decepcionada. Para ella, la noche anterior había significado mucho y, por un momento, creyó que pasarían el domingo juntos.
—Bien... —Murmuró.
Se levantó de la cama con las sábanas envueltas alrededor del cuerpo. Apenas apoyó los pies en el suelo, sus piernas cedieron y terminó de rodillas.
Alexander sonrió de lado. Ver el estado en el que había dejado a Valentina hizo que su ego se inflara de inmediato.
—Mierda... —Susurró Valentina con la voz entrecortada.
La sonrisa de Alexander desapareció al instante. Su ego pasó a un segundo plano y se acercó para ayudarla a levantarse.
—Será mejor que descanses —dijo mientras la sostenía por la cintura—. Te dije que no ibas a poder levantarte de la cama…
Valentina entrecerró los ojos y clavó la mirada en él. Llevó las manos alrededor de su cuello y la sábana cayó hasta su cintura, dejando al descubierto sus tetas.
—Pensé que te referías a que me cogerías todo el día… —susurró.
Alexander se rio, desviando la mirada hacia su cuello y sus pechos. Su piel estaba llena de las marcas rojas que él le había hecho la noche anterior; incluso en los pezones se notaban las marcas de sus dientes.
—Debo ir a la oficina. Daniel ya me está esperando. —Dijo Alexander mientras la recostaba con cuidado sobre la cama.
Valentina asintió. Sin decir nada más dejo que Alexander se marchara y se acomodo en la cama, recordando con detalle todo lo que paso en la noche anterior.
Valentina asintió. Sin decir nada más, dejó que Alexander se marchara y se acomodó en la cama, recordando con detalle todo lo que había pasado la noche anterior.
Alexander la había cogido sin darle descanso. Todavía sentía la vagina ardiéndole y esa sensación persistente de tenerlo dentro.
—Justo como lo dijo… —murmuró, recordando la conversación que tuvieron en el restaurante.
Aún sentía la verga de Alexander dentro de su coño.
—Y ni siquiera me he levantado a caminar —añadió en un susurro.
Tocaron la puerta de repente. Valentina dio un pequeño sobresalto. Tardó unos segundos en recordar que seguía en la recámara de Alexander.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....