Alexander se quedó en silencio, observando a Valentina.
—La noche de la gala anual... —Continuó ella— Descubrí que Anthony y Miranda me engañaron durante años. Los escuché hablar. Dijeron que solo me estaban utilizando para quedarse con la herencia de mi abuela y con todo lo que recibiera cuando me divorciara de ti.
Valentina se levantó de la cama y quedó frente a él.
—Por eso empecé a seducirte. —Susurró— Quiero vengarme de Anthony y Miranda, y tú eras el único capaz de destruirlos.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Pero en estos días me di cuenta de que ellos me mintieron sobre ti. No eres el hombre que me hicieron creer durante todos estos años.
Bajo su mirada con tristeza, ella todavía seguia sosteniendo su brazo para que no se fuera.
—Por eso seguí seduciéndote... pero ya no solo por mi venganza. Ahora quiero enamorarte.
Alexander suspiro ante su confesión. Esta vez no podía limitarse a decir que no le creía. Él ya sabía que Anthony y Miranda la habían traicionado. Lo que Valentina todavía ignoraba era que esa traición iba mucho más allá de la herencia.
Anthony Solís no solo quería quedarse con su dinero. También planeaba venderla al mejor postor.
—Por favor, créeme... Te juro que no volveré a hablarles, ni siquiera a verlos... pero... —Dijo mientras las lágrimas recorrían sus mejillas.
Alexander cerró los ojos y nego con la cabeza. Verla llorar siempre había sido su mayor debilidad. Sin pensarlo más, la abrazó con calma y besó su cabeza.
—Te creo... —Susurró con suavidad. — Te creo.
Valentina rompió a llorar con más fuerza. La tensión que llevaba acumulando desde la subasta desapareció de golpe.
—Te prometo que no volveré a verlos. —Dijo entre sollozos.
Alexander entrecerró la mirada y la apartó apenas unos centímetros para poder verla a los ojos.
—¿Y la venganza? —Preguntó.
—Si te sigo seduciendo... ¿Me ayudarías? —Preguntó ella con una inocencia que hizo imposible que él no sonriera.
—Sí, te voy a ayudar. —Respondió sin apartar la mirada de sus ojos— Pero tienes que seguir seduciéndome.
Una sonrisa se dibujo en los labios de Alexander, al verla ruborizarse.
—Bien, ahora mejor duerme —dijo él, apartándose de ella.
Valentina entrecerró la mirada y cruzó los brazos.
—¿No vamos a coger? —preguntó.
Alexander arqueó las cejas con sorpresa; se le había olvidado esa parte después de todo lo sucedido.
—No creo que sea conveniente… —dijo él, aunque muy en el fondo sabía que se arrepentiría de esa decisión.
—¿Por qué no? —preguntó ella con la voz cortada.
—Valentina, ¿no dijiste que querías que tu primera vez fuera tierna y especial? —cuestionó Alexander, acariciándole la mejilla—. Si te cojo esta noche no sé si pueda contenerme y hacerlo especial…ni mucho menos tierno.
Valentina se encogió de hombros y le puso las manos sobre la cintura.
—Alexander, yo quiero que me cojas duro —dijo con las mejillas totalmente rojas.
Alexander rio y negó con la cabeza. Ahora que Valentina le había confesado toda la verdad sobre su venganza, ya no tenía motivos para desconfiar de ella.
Aun así, le costaba creer que la mujer de la que había estado enamorado durante tanto tiempo quisiera corresponderle, aunque todo hubiera comenzado por una venganza.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....