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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 108

Alexander llegó al edificio del corporativo Hart. Valentina tenía razón: esa mañana estaba llamando más la atención de lo normal. Sin embargo, él ya empezaba a dudar de cuál era la razón.

No sabía si era porque no llevaba lentes, porque olía al perfume de su esposa o porque llevaba la marca de los dientes de Valentina en la mejilla. A pesar de la ligera barba, las marcas se veían claramente.

—Esa mujer está completamente loca —susurró mientras entraba al elevador privado.

Una vez dentro, sacó su celular. Tenía un mensaje de aquella mujer que lo tenía completamente a su merced.

“Nene, hoy quiero ir de compras para la cena del viernes. ¿Me acompañas?”

Alexander arqueó una ceja al leerlo. Le sorprendía que incluso quisiera que la acompañara a hacer las compras.

Antes de que pudiera responder, recibió otro mensaje.

“No quiero ir sola… tengo miedo.”

Alexander suspiró al leerlo. Podía entender perfectamente cómo se sentía después de lo ocurrido en el centro comercial. Aunque los hombres de Nikolái habían intervenido antes de que aquellos hombres pudieran hacerle daño, Valentina había pasado por un momento que fácilmente podía dejarle miedo de volver a salir sola.

“Pasaré por ti a la hora que me digas.”

Alexander respondió de inmediato. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro al imaginarse a Valentina organizando los detalles de su cumpleaños. Le gustaba saber que ella estaba dedicando tiempo a preparar algo para él.

“Perfecto. Iré a casa de tu mamá para continuar con los preparativos de tu fiesta de cumpleaños. Pasa por mí a las tres.”

Las puertas del ascensor se abrieron en ese momento. Alexander salió y caminó hacia su oficina, pero se detuvo al ver a Valente Luna de pie en la recepción.

—Necesito hablar contigo, Alexander —dijo Valente con seriedad.

Alexander asintió y lo guio hasta su oficina. Daniel ya se encontraba ahí, preparando la documentación que Alexander debía revisar antes de comenzar con las reuniones programadas.

—Jefecito, últimamente llega muy tarde. ¿Acaso la señora Hart no lo deja descansar? —preguntó Daniel con toda tranquilidad, sin haberse dado cuenta de que Valente estaba ahí.

Alexander arqueo una ceja ante el comentario inapropiado de Daniel.

—¿Gusta algo de tomar, señor Luna? —preguntó mientras miraba a Valente.

—Café —respondió el anciano con seriedad.

Daniel se giró y se quedó completamente quieto al verlo. Parpadeó un par de veces, dándose cuenta de inmediato de que acababa de hacer un comentario que definitivamente no debía haber hecho frente al abuelo de la señora Hart.

—En un momento se lo traigo, señor Luna —dijo con formalidad antes de salir apresurado de la oficina.

Alexander contuvo la sonrisa al verlo salir tan avergonzado.

—Tome asiento, señor Luna —dijo mientras señalaba la pequeña sala.

Valente se dirigió hacia ahí con tranquilidad, pero antes de sentarse volvió a mirar a Alexander. Había algo diferente en él.

No era simplemente que estuviera sin lentes o que todavía llevara la marca de los dientes de Valentina en la mejilla. Había algo en su actitud que Valente no lograba identificar.

Alexander observó a Valente tomar asiento en el sofá de dos plazas mientras él ocupaba el sillón frente a él.

—¿De qué quiere hablar? —preguntó con calma.

—De Valentina, por supuesto —respondió Valente con seriedad—. No voy a darle vueltas al asunto, Alexander. Quiero que…

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