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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 109

Alexander estaba solo en su oficina. Después de la visita de Valente Luna y de su exigencia de que se divorciara de Valentina, no había conseguido concentrarse en nada.

—¿Por qué el ancianito se mete en tu matrimonio? —soltó Daniel. Alexander ya le había contado el motivo de la visita de Valente—. Debiste decirle que las cosas entre ustedes han cambiado y mucho…

Alexander negó con la cabeza. No le interesaba explicarle a nadie cómo había cambiado su relación con Valentina. Lo único que le importaba era lo que ellos dos querían y, a esas alturas, estaba seguro de que Valentina tampoco quería divorciarse de él.

—¿No crees que esto puede estar relacionado con la Bratva Dragov? —comentó Daniel—. Ayer Nikolái recibió un mensaje.

Alexander arqueó las cejas.

—¿Qué mensaje? —preguntó, mirándolo directamente.

—El viejo Pakhan elegirá a su sucesor y Valentina está incluida en la línea sucesoria —respondió Daniel.

La mandíbula de Alexander se tensó. Si la Bratva Dragov realmente estaba reuniendo a todos los posibles sucesores, entonces Valentina corría mucho más peligro del que había imaginado.

No podía permitir que la encontraran.

—¿Cuándo m****a llega Natalia? —preguntó Alexander mientras se levantaba de su silla.

—Supongo que mañana —respondió Daniel, entrecerrando la mirada.

Alexander asintió. Ahora más que nunca necesitaba que Valentina estuviera protegida y, si Natalia era la persona indicada para hacerlo, no quería esperar hasta mañana.

—Lo siento, Daniel —dijo mientras lo miraba—, pero quiero que la llames y le digas que tiene que llegar hoy mismo.

Daniel suspiró con pesadez. Sabía que decirle eso a Natalia podía hacer que malinterpretara la situación y, probablemente, terminaría complicando aún más las cosas. Aun así, Alexander era su mejor amigo y estaba dispuesto a apoyarlo en todo, aunque eso significara ponerse la soga al cuello.

—A partir de ahora, mantén mi agenda lo más despejada posible —dijo mientras se acomodaba el saco—. Tenemos que prepararnos. La Bratva Dragov no va a quitarme a mi esposa.

…

Nikolái llegó a una residencia cuya ubicación se mantenía en absoluto secreto. Varios hombres de aspecto intimidante lo escoltaron por los pasillos hasta la habitación donde se encontraba un anciano recostado sobre una cama, conectado a varios aparatos.

—Nikolái… ¿la encontraste? —preguntó el anciano con voz débil.

Nikolái hizo una reverencia y se quedó de pie frente a él.

—Sí… —respondió finalmente—. Valentina está casada con Alexander Hart.

El anciano permaneció mirándolo en silencio durante unos segundos. La información que había esperado durante tantos años finalmente estaba frente a él.

—Tráela… —ordenó el anciano.

Nikolái suspiró. Su deber era claro: debía obedecer al Pakhan. Sin embargo, aquella orden no era una más.

No podía olvidar todo lo que había vivido junto a Alexander. Los años que compartieron, las cosas que tuvieron que enfrentar y, sobre todo, todo lo que Alexander Hart había hecho para protegerlo cuando más lo necesitó.

Ahora tenía que decidir si obedecer una orden que podía poner a Valentina en peligro, sabiendo que hacerlo también podía poner a Alexander en contra de la Bratva Dragov.

—Ella no quiere alejarse de él —comentó Nikolái, mirando de reojo a los hombres que custodiaban al anciano.

El viejo Pakhan endureció la expresión. Su voz se elevó de inmediato, dejando claro que no estaba dispuesto a aceptar una negativa.

—Entonces deshazte de Alexander Hart. Mátalo y tráeme a Valentina —ordenó.

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