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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 106

Alexander clavó las manos sobre la isla, mirando fijamente a Valentina mientras ella tenía metida toda su verga en la boca. Sentía cómo succionaba con fuerza y precisión, apretando los labios alrededor de la base y usando la lengua para recorrerlo sin pausa.

A pesar de ser su primera vez, lo estaba haciendo como toda una experta, sacándole gemidos roncos mientras aceleraba el ritmo de la succión.

—Te vas a volver adicta a mi verga, Valentina —dijo él, con la voz grave y rasposa por la excitación.

Valentina lo miró desde abajo y se la sacó lentamente de la boca, dejando un hilo de saliva brillante entre sus labios y él.

—Ya lo soy —sonrió, lamiéndose la boca con descaro—. Y tú vas a ser el adicto a esta boca chupándote la verga... nene.

Alexander soltó una risa ronca, colocó sus manos sobre la cabeza de Valentina, enredando sus dedos en su cabello.

—Abre esa boquita, nena —ordenó en un susurro bajo y ronco.

Valentina obedeció y abrió la boca sin imaginarse lo que planeaba Alexander. Sin dudarlo, él le enterró la verga hasta el fondo de la garganta. Ella sintió la arcada de inmediato, pero Alexander no esperó: empezó a embestir hacia dentro y hacia fuera, una y otra vez, marcando un ritmo salvaje que no le daba tiempo de acostumbrarse ni de tomar aire.

Valentina, más que asustarse o querer detenerlo, empezó a disfrutar de esa brutal cogida de boca. Le encantaba escuchar a Alexander gemir de esa manera tan salvaje y descontrolada. Sus manos se aferraron con fuerza a sus caderas para sostenerse, mientras él seguía embistiéndola sin compasión.

—Ahí, justo ahí, carajo... —gruñó Alexander.

Continuó embistiéndola, hasta el punto de sentir que estaba a nada de correrse. No quería sacarla de su boca; quería llenársela totalmente con su semen.

—Trágatelo todo, Valentina —ordenó con la voz rota por la excitación.

Tiró más del cabello de ella y terminó de enterrarse hasta el fondo. Soltó un fuerte gemido ronco mientras se venía dentro de ella, llenándole la garganta con chorros espesos y calientes que Valentina empezó a tragar sin dudarlo un segundo.

Alexander estaba completamente agitado, luchando por recuperar el aire. Aflojó el agarre en el cabello de Valentina, pero ella ni siquiera intentó sacarse la verga de la boca. Al contrario: apretó más los labios, empezó a succionar con lentitud y usó la lengua con paciencia para limpiarlo totalmente, disfrutando cada gota hasta el final.

—Valentina, me vas a poner duro de nuevo —dijo él, mientras volvía a posar las manos sobre su cabeza para guiarla con lentitud.

Valentina sacó despacio la verga de su boca y, justo antes de apartarse del todo, le dio una última succión firme a la punta.

—¿Y no vas a cogerme el coño mojado? —preguntó, inflando las mejillas con una falsa molestia que no lograba ocultar la provocación en sus ojos.

Alexander dejó escapar una risa baja y áspera mientras asentía. Por supuesto que quería seguir cogiéndola; ella le acababa de dar un placer brutal y no pensaba, ni por un segundo, dejarla con las ganas.

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