Valentina observaba a Alexander dormir profundamente. Después de lo ocurrido en el estudio con aquella llamada, ambos habían decidido subir a la recámara para descansar, pero ella no conseguía conciliar el sueño. La reacción de Alexander realmente la había asustado, pero lo que más le preocupaba era que él mismo había confirmado que había asesinado a alguien.
—No, no… —susurró.
No podía empezar a dudar de él. Después de todo, tenía que existir un motivo para que Alexander hubiera hecho algo así. Algo que todavía no conocía y que, tarde o temprano, tendría que escuchar de su propia boca.
—¿Valentina? —susurró Alexander, todavía adormilado—. ¿Qué pasa?
Abrió los ojos lentamente y la miró. Al verla despierta, su expresión cambió. Valentina le sonrió con nerviosismo, intentando disimular que llevaba rato sin poder dormir.
—¿No puedes dormir? —preguntó él.
—No, no puedo —respondió ella en un bajo susurro.
Alexander se incorporó en la cama y la observó durante unos segundos. No pudo evitar pensar que quizá lo ocurrido en el estudio había cambiado la forma en que ella lo veía. Levantó una mano y acarició suavemente su rostro.
—¿Quieres que me vaya a dormir a otra recámara? —preguntó con tristeza.
Había miedo en su voz. No quería presionarla, pero tampoco podía evitar pensar que quizá ahora ella tenía miedo de quedarse a solas con él.
—Por supuesto que no —respondió Valentina de inmediato, tomándolo del brazo—. Solo que me dio hambre… eso es todo.
Alexander rio bajo sin poder dejar de mirar como inflaba sus mejillas como si fuera una niña pequeña haciendo berrinche
Él se quedó mirándola sin decir nada, todavía dudando de que realmente fuera eso lo que le impedía dormir.
—¿Me puedes cocinar algo? —preguntó Valentina, haciendo un pequeño gesto infantil.
—¿Yo? —preguntó Alexander, sorprendido.
—¿Quién más? No me atrevo a despertar a Lucía a estas horas —respondió mientras cruzaba los brazos—. Además, dijiste que me consentirías en todo.
Alexander soltó una risa baja. No pudo evitar sonreír al verla inflar las mejillas como una niña pequeña haciendo un berrinche.
—Tienes razón… Vamos a la cocina —dijo él mientras se levantaba de la cama y extendía las manos hacia ella.
Valentina asintió emocionada y, sin pensarlo, se lanzó a sus brazos. Alexander la atrapó y la cargó para llevarla hasta la cocina.
…
Anthony Solís estaba en su departamento cuando recibió el mensaje del viejo Pakhan. La reunión para elegir a su sucesor era algo que esperaba desde hacía tiempo, pero jamás imaginó que aquel anciano se atrevería a incluir a Valentina en la lista.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....