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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 103

Alexander soltó un largo suspiro, se quitó los lentes y los dejó caer al suelo. Las palabras de Valentina hicieron que su corazón se calmara un poco. A pesar de todo lo que acababa de pasar, ella seguía ahí, abrazándolo. Eso le daba esperanza de que realmente pudiera llegar a amarlo, incluso después de conocer la verdad sobre su pasado.

Se giró lentamente, sin permitir que Valentina se alejara de él. Tomó su rostro entre las manos y levantó suavemente su mirada para que lo viera a los ojos. Sus preciosos ojos azules estaban rojos por el llanto y las lágrimas seguían recorriendo sus mejillas sonrojadas.

—Perdóname, por favor… —susurró con la voz cargada de arrepentimiento—. No quería que conocieras esta parte de mí de esta manera.

—No quiero que me muestres solo la parte de ti que todos conocen, Alexander… —susurró Valentina, sosteniendo su mirada—. Quiero conocer al hombre completo, incluso al que los demás nunca han visto.

Alexander suspiró. Valentina solía comportarse como una mujer caprichosa y malcriada. Incluso cuando su relación comenzó a cambiar, seguía teniendo esa actitud de alguien que quería ser consentida en todo, y a él, por supuesto, le encantaba esa parte de ella. Sin embargo, había momentos como aquel en los que Valentina demostraba una madurez que nadie habría esperado de ella.

Tal vez tenerla a su lado podía ayudarlo a enfrentar algunas de las cosas que todavía llevaba consigo. Alexander la amaba desde mucho antes de que ella comenzara a corresponderle, pero ahora había algo diferente. Valentina estaba empezando a demostrarle que podía confiar en ella, y quizá eso era justamente lo que necesitaba para dejar atrás aquello que todavía lo atormentaba.

— ¿Qué más te dijo esa persona? —preguntó Alexander. Necesitaba saber exactamente qué había escuchado Valentina.

—Nada más… Solo contesté una vez su llamada —respondió ella en un bajo susurro—. Quiero saber todo sobre ti, Alexander, pero de tu propia boca. No quiero enterarme de tu pasado por otras personas y mucho menos por cobardes que se esconden detrás de una llamada, como esa psicóloga de m****a.

Alexander arqueó las cejas al escucharla. Sabía que se refería a Samantha.

—¿Crees que es Samantha quien te ha estado llamando? —preguntó.

Valentina se encogió de hombros y suspiró.

—No lo sé… Solo lo pensé porque es tu psicóloga. Supongo que debe saber muchas cosas sobre ti y sobre lo que has vivido —respondió en voz baja.

Alexander bajó la mirada por unos segundos antes de responder.

—Sí, le conté muchas cosas, pero nunca le dije que había asesinado a alguien —dijo con sinceridad

—¿No? Entonces, ¿quién puede ser? —susurró Valentina con sorpresa—. ¿Quién sabe todo sobre tu pasado?

Alexander bajó las manos hasta la cintura de Valentina. Las únicas personas que conocían realmente todo lo que había vivido eran su padre, Daniel y Nikolái. Pero ellos eran precisamente las personas en las que más confiaba. No podía imaginar que la información hubiera salido de ellos. Mucho menos pensar que alguno de los tres pudiera traicionarlo.

—Tranquilo —dijo Valentina al sentir que volvía a tensarse—. Vamos a averiguarlo juntos, ¿sí?

Alexander la miró en silencio. A pesar de que sus ojos y su nariz seguían rojos por haber llorado hacía apenas unos minutos, ella le sonreía con sinceridad, como si realmente creyera que podían resolverlo juntos.

—Carajo, Valentina… —murmuró él, acariciando suavemente su cintura—. ¿Cómo haces para calmarme tan rápido?

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