—Oh, el asesino Hart… mantenerlo en secreto ante el mundo es fácil, pero ¿ante su esposa? ¿Querrá seguir cerca de alguien como usted? —dijo aquella voz.
Alexander azotó el teléfono contra el suelo, haciéndolo pedazos. Después levantó la mirada hacia Valentina y caminó hacia ella con pasos rápidos, todavía lleno de rabia.
Valentina seguía inmóvil, sin saber cómo reaccionar. Cuando finalmente pudo hacerlo, Alexander ya estaba frente a ella y la tomó del brazo con fuerza.
—¿Desde cuándo recibes esas putas llamadas? —preguntó con frialdad, apretando el agarre sobre su brazo.
—Días atrás… —susurró Valentina, haciendo un gesto de dolor por la fuerza con la que la sujetaba.
Alexander la miró fijamente. Si llevaba días recibiendo esas llamadas, entonces alguien había estado hablándole sobre él. La única pregunta que importaba ahora era cuánto le habían contado y cuánto sabía realmente Valentina sobre lo que había hecho en el pasado.
—¿Qué tanto te ha dicho? ¡¿Por qué m****a no me lo habías contado?! —gritó Alexander, completamente fuera de sí.
Valentina sintió que el miedo la paralizaba. Acababa de escuchar de boca del propio Alexander que era un asesino y ahora lo tenía frente a ella, completamente irreconocible. La rabia en su mirada y la forma en que había perdido el control hicieron que su cuerpo comenzara a temblar.
Nunca había visto a Alexander así. No sabía qué responderle ni cómo hacerlo reaccionar.
—¡¿Desde cuándo lo sabes?! —exigió él, con la respiración agitada—. ¡¿Qué m****a te dijeron?!
Valentina intentó hablar, pero el miedo apenas le permitió pronunciar su nombre.
—Alexander… —susurró con la voz quebrada.
Valentina ya no pudo contenerse. Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas mientras intentaba controlar el temblor de su cuerpo. Tenía demasiado miedo. Nunca había visto a Alexander perder el control de esa manera y, en ese momento, no sabía qué esperar de él.
Alexander reaccionó al verla llorar. Su expresión cambió de inmediato. Bajó la mirada hacia su mano y se dio cuenta de la fuerza con la que la había estado sujetando. La soltó de inmediato.
Sus ojos se quedaron fijos en el brazo de Valentina. La piel comenzaba a enrojecerse por su culpa.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....