Alexander llegó a la mansión antes de la hora de la cena. Saúl lo recibió en la entrada.
—Bienvenido, señor Hart —dijo mientras hacía una reverencia.
—Gracias. ¿Dónde está mi esposa? —preguntó Alexander.
—En su estudio. Ha estado ahí toda la tarde —respondió el mayordomo.
Alexander sonrió y asintió. No dudó en dirigirse al estudio para verla.
…
Valentina estaba completamente concentrada en su laptop, revisando a detalle la propuesta para el proyecto. Finalmente había logrado terminarla, pero quería revisarla con calma y hacer algunos ajustes antes de darla por terminada.
La puerta del estudio se abrió lentamente y Alexander entró. Valentina estaba tan concentrada que ni siquiera notó su llegada.
Alexander caminó hasta el escritorio y se colocó detrás de ella. Su mirada se fijó en la pantalla de la laptop y comenzó a revisar la propuesta. A pesar de que Valentina no tenía mucha experiencia en ese tipo de proyectos, el trabajo que había realizado se veía bastante bien estructurado y mucho más profesional de lo que esperaba.
—Al CEO Hart le encantará tu propuesta —dijo finalmente Alexander.
Valentina dio un pequeño salto en su lugar y levantó la mirada hacia él.
—¡Alexander! —dijo emocionada mientras se levantaba de la silla para abrazarlo—. No te sentí llegar…
Alexander la abrazó y colocó una mano sobre su cintura. Sí, le encantaba la forma en que ahora lo recibía.
—Ya te dije que, por ser tu esposa, no quiero que me des ningún tipo de favoritismo —dijo al separarse un poco de él para poder mirarlo a la cara.
—Valentina, no pienso ser considerado contigo por ser mi esposa. Al contrario, debo ser estricto si quiero que llegues a ser la mejor en los negocios. Pero seré sincero, lo poco que acabo de ver está muy bien estructurado para una novata —dijo Alexander con seriedad.
Valentina se encogió de hombros y colocó una mano sobre su torso, subiéndola lentamente hasta su corbata para comenzar a desanudarla.
—Bueno, sabes que aprendo muy rápido… —susurró con una mirada pícara.
La risa de Alexander salió ronca, provocando que la piel de Valentina se erizara. Sus ojos azules se quedaron fijos en él. Cada vez que lo veía reír de esa manera, se daba cuenta de lo mucho que le gustaba escucharlo y de lo bien que se sentía al ser ella quien provocaba esa sonrisa.
—Alexander… ¿qué pensarías de tener un hijo ahora? —preguntó Valentina sin poder evitarlo.
Alexander se quedó en silencio de inmediato. Sus manos se tensaron sobre la cintura de Valentina y la miró con sorpresa.
—¿Qué? ¿Acaso estás embarazada? —preguntó de inmediato, mirando hacia su vientre.
—¡No! —respondió ella rápidamente, apartándose de él con el rostro completamente rojo. — No lo estoy…solo que estaba pensando que si tenemos un hijo, podríamos enamorarnos más rápido ¿no crees?
Alexander suspiró al recordar la conversación que había tenido con Daniel.
—¿Y si mejor nos enamoramos primero? —propuso Alexander—. Ya nos gustamos, no creo que tardemos demasiado en pasar al siguiente nivel…
Valentina lo miró y asintió. Aunque había pensado en el embarazo como una posibilidad, también tenía presente el peligro que podría representar en ese momento.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....