Saúl también conocía la carrera de Cuesta de las Ánimas.
Decían que era brutal.
Los participantes pagaban todo de su bolsa. Ganaras o perdieras, no había premio en dinero ni trofeo.
Aun así, cada año llegaban un montón de equipos y pilotos.
Porque el lugar era perfecto para correr.
Carretera de montaña, peligrosa, con barrancos a los lados: emocionante y dificilísima. Tenía dieciocho curvas.
Por eso también le decían “Las Dieciocho Curvas”.
Cada año se morían ahí quién sabe cuántos.
También la llamaban Valle de Ceniza.
Los que se metían a correr, se jugaban la vida.
Por eso era tan famosa y atraía tanta atención.
—Cecilia, yo ya quería ir desde hace rato y nunca se me hacía. Vamos, ¿no? Aunque sea a ver —pidió Benjamín, ilusionado.
A los adolescentes les gustan esas cosas. Cecilia lo entendía.
Ella también había sido así.
—Va, te acompaño. Pero me prometes que en el examen final me sales bien.
Ignacio se rió.
—No se preocupen. Benjamín ya les da vueltas a todos nosotros. Y con ustedes dos ayudándole, el primer lugar del salón es de él, sí o sí.
Marina, escuchando eso, se puso contenta y los invitó a cenar.
Ignacio y los demás no quisieron estorbar y, cuando se hizo de noche, se fueron.
Al día siguiente era sábado.
Benjamín estudió todo el día, pero traía la emoción de la noche.
Cecilia y Saúl lo llevaron a Cuesta de las Ánimas.
Ignacio fue atento y mandó a alguien por ellos.
—A ver si no es falso. Ojalá el de la entrada revise bien, no sea que se meta cualquier cosa.
—¿Cómo va a ser falso? ¡Yo se lo conseguí a Benjamín! Alonso, no estés inventando —llegó Ignacio en ese momento.
Por cómo venía, él también traía equipo. También iba a correr.
—Ja. Ignacio, nos vemos en la pista. Mi equipo te va a pasar por encima —amenazó Alonso.
—Ya veremos.
Ignacio se acercó a ellos.
—Benjamín, Cici, Saúl, vámonos. No le hagan caso a este.
Era de noche, pero el lugar estaba iluminado como feria; lleno de ruido y movimiento.
Abajo habían levantado carpas como base.
A cada equipo le tocaba una carpa, bien separada, y con guardias afuera.
Una vez dentro, no podías andar vagando por donde fuera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia