—Señor Herrera, no se angustie. Le prometo que no dejaré que le pase nada a Leticia —respondió Mónica.
Después de hablar con él, Mónica miró fijamente a Aarón y le preguntó:
—Aarón, ¿qué es lo que quieres para dejar libre a Leticia?
—¡Te quiero a ti! ¡Quiero casarme contigo!
Mónica esbozó una sonrisa sarcástica.
—¿De verdad crees que casarte conmigo es una opción? Ya estoy comprometida. Mejor pide algo realista.
—Entonces... ¡entonces preparen veinte millones de pesos y un jet privado! ¡Dénme el dinero, quiero irme del país! ¡En cuanto salga de aquí a salvo, la dejaré ir!
—¡Veinte millones y un jet privado! ¡Hay que ser muy sinvergüenza para pedir eso! —exclamó Matías, indignado.
¡Era un descarado intento de extorsión!
—¡Cállate, viejo decrépito! ¡Me vale un demonio, yo quiero mi dinero y mi salida segura de este lugar! ¡Vayan a prepararlo de una buena vez!
—Zacarías, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Mónica.
Era obvio que no iban a cumplir las absurdas demandas de Aarón, pero tenían que rescatar a Leticia.
—Finge aceptar el trato. Yo buscaré el momento para sacarla de ahí —le susurró Zacarías.
Mónica asintió y se dirigió a Aarón.
—De acuerdo. Puedes estar tranquilo, te prepararé lo que pides. Pero tomará un poco de tiempo, tendrás que esperar.
—¡Les doy media hora! ¡Si en media hora no está todo listo, me mataré aquí mismo y me llevaré a Leticia conmigo!
Aarón le apretaba el cuello con fuerza; la hoja afilada del cuchillo ya le había hecho un pequeño corte a Leticia.
—Aarón, ¿en serio eres tan cruel como para no importarte mi vida con tal de salvar la tuya? —le preguntó Leticia en un susurro.

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