Al ver ese montón de huesos, Thiago recordó las palabras que la anciana le dijo antes de morir.
Ella le había confesado que escondió los restos de Leonel en el estudio. ¿Acaso eran esos?
¡Su padre biológico!
Al ver los huesos destrozados, por fin comprendió la magnitud del odio que sentía su madre.
Los huesos estaban hechos pedazos.
En aquel entonces, seguramente ella había descuartizado a Leonel.
De pronto, un destello cruzó por la mente de Thiago, provocándole un dolor de cabeza insoportable.
Se tambaleó y casi se cae.
—¡Papá! —Cecilia corrió a sostenerlo.
—Papá, ¿qué tienes? —preguntó preocupada.
Las familias de Facundo y Patricio lo miraban sin entender nada.
—Me duele mucho la cabeza... me duele mucho... —Thiago se puso en cuclillas, agarrándose la cabeza.
—Tranquilo, papá. Déjame revisarte.
Cecilia le tomó el pulso, luego sacó unas pequeñas agujas que llevaba consigo y se las aplicó en varios puntos de tensión en la cabeza.
Poco después, Thiago logró calmarse.
—¿Qué le pasó?
—¿Será que le volvió alguna enfermedad?
Facundo y Patricio murmuraban entre ellos.
—Papá, ¿cómo te sientes? —preguntó Cecilia con angustia.
Thiago abrió los ojos y miró el estudio. ¡Ya lo recordaba!
¡Por fin lo recordaba!
Durante todos esos años sintió que había perdido algo, pero no lograba recordar qué era.
¡Ahora lo sabía!
Ese día había subido a buscar a su madre y la vio desde la puerta del estudio golpeando a la persona en el suelo con un martillo, una y otra vez.

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