Dicho esto, las dos mujeres se agarraron del cabello y comenzaron a pelear.
Facundo, quien acababa de colgar el teléfono, vio la pelea, preguntó un par de cosas y luego dijo:
—Patricio, ahora que Thiago renunció voluntariamente a la herencia y no quiere nada, ¿cómo propones que nos repartamos esto?
—Facundo, no le demos más vueltas. Yo siempre he estado a cargo de administrar el Grupo Galindo, así que lo mejor es que me lo quede. A cambio, te dejo la fábrica de electrónicos. Esta mansión la vendemos y nos repartimos el dinero en partes iguales.
—¡Qué barbaridad! ¡Quieres quedarte con el Grupo Galindo tú solo! Eres un descarado, Patricio. ¿Acaso crees que esa fábrica se compara con la empresa principal? Y sobre la mansión, ya que Thiago se va y no contamos con él, yo soy el hermano mayor ahora, así que la casa debería ser para mí...
—¡Sigue soñando! ¡Con qué derecho te la vas a quedar!
—Entonces, ¿por qué ustedes deberían quedarse con el Grupo Galindo...?
Se armó una intensa batalla verbal.
Mientras tanto, Olivia y Helena seguían agarrándose a golpes.
Isabel y Santiago se metieron a ayudar.
Nuria y su madre no podían con ellos; después de todo, les faltaba Alonso, quien estaba estudiando en el extranjero y no había vuelto.
Santiago empujó a Helena al suelo de un jalón y de paso le dio una cachetada a Nuria.
—¿Con qué derecho vienen a pelear por la herencia? ¿Acaso no saben que el hermano mayor es la figura paterna? ¡Esta familia debe ser dirigida por mi papá! —dijo Santiago con las manos en la cintura.
Para abusar de las mujeres, él era todo un experto.
—¡Qué valiente! Abusas porque mi hijo no está. Eres un desgraciado, ¿cómo te atreves a tratar así a tus mayores? ¡Eres un desalmado! ¡Buaaa! —rompió a llorar Helena.
Nuria tenía el cabello alborotado y se veía muy impotente.
Santiago parecía haber enloquecido, ni juntas podrían ganarle.
Thiago y Cecilia llegaron a la casa tras recibir la llamada y se toparon con esta escena.
Toda la gente en la habitación seguía gritándose.
Las mujeres estaban despeinadas, parecían locas y hasta tenían rasguños en el cuello.
—¡Es mío! ¡El Grupo Galindo es mío!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia