Pero, a final de cuentas, era su hijo, ¡y ni la fiera más salvaje devora a sus propias crías!
Así que terminó descartando la idea.
Llevó a Thiago al hospital y, poco después, el niño despertó.
Para su sorpresa, ¡Thiago había perdido la memoria!
Lo único que había olvidado era precisamente la escena en el despacho.
Al principio creyó que estaba fingiendo, pero tras realizarle varios estudios, el médico le confirmó que la amnesia era real.
Al caer por las escaleras, Thiago se lastimó el cerebro. Eso, sumado a su corta edad, hacía que bloquear una parte de sus recuerdos fuera algo completamente normal.
Aunque era un misterio si algún día los recuperaría o no.
Por el momento, ella pudo respirar aliviada.
—Después me deshice del cuerpo de ese malnacido. Lo dejé en el despacho y le prendí fuego. Así todos pensarían que había muerto en el incendio. Con esa excusa, mandé remodelar la habitación por completo. Y hubo otra cosa. Como a él tanto le gustaba su asistente, le pagué a alguien para que arrojara el cadáver de su amante lo más lejos posible... y hasta pedí que maldijeran el cuerpo, para asegurarme de que ni en el infierno volvieran a cruzarse. ¡Nunca más estarían juntos en toda la eternidad! ¡Ja, ja, ja!
Mientras relataba todo, la anciana soltaba unas carcajadas macabras.
Thiago, que escuchaba a un lado, sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal. Estaba bañado en sudor frío por lo tétrico del relato.

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