Sus guardaespaldas se abalanzaron de inmediato.
Cecilia le dio una fuerte patada a Gaspar para quitárselo de encima.
El cuerpo del hombre salió volando y se estrelló directamente contra la banca de piedra que estaba en el patio.
¡Se escuchó un golpe seco!
¡Comenzó a sangrar de la cabeza!
Cecilia noqueó a los guardaespaldas en cuestión de segundos.
Los hombres, al ver que Gaspar estaba tirado en el suelo sin moverse, se aterrorizaron.
Rápidamente lo arrastraron y huyeron del lugar.
—Cecilia, ese Gaspar se veía muy mal. ¿Crees que se muera? —preguntó Martina con evidente preocupación.
—No se va a morir. A lo mucho quedará discapacitado de por vida, tal vez medio paralítico...
—Pero su papá es el alcalde, nos va a buscar para vengarse...
—Tranquila, es solo el alcalde de un pueblo pequeño. Si su hijo es tan escoria, seguro que él también tiene cosas sucias que esconder. Si se atreve a buscarme, con gusto ajustaré cuentas con él. Luego mandaré a alguien para que se encargue de este asunto. Por ahora, vamos a buscar a tu tía.
Martina se quedó pasmada.
—¿Para qué vamos a buscar a mi tía Melisa?
—Para vengarnos, por supuesto. Ella hizo que tu mamá muriera de un coraje. Además, ¿no tiene un pagaré tuyo? Si nos vamos a ir, hay que dejar todos los asuntos de este pueblo resueltos para que no te vuelvan a molestar en el futuro.
Martina asintió con decisión.
Luego, llevó a Cecilia hasta la casa de Melisa.
Melisa estaba en su casa viendo videos en el celular cuando, de pronto, la puerta se abrió de una patada, dándole un tremendo susto.
Al levantar la mirada y ver a Martina y a Cecilia, se puso aún más nerviosa.
Su cara seguía hinchada por los golpes que había recibido días atrás.

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