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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 814

—¡Mamá! ¡Mamá! —gritó Martina, aterrorizada.

Paulina le apretó la mano con las pocas fuerzas que le quedaban.

—Martina... por favor... no te cases con él...

Al decir esto, los ojos de Paulina se cerraron para siempre.

—¡¡¡Mamá!!! —El grito de Martina desgarró el silencio del patio mientras abrazaba el cuerpo de su madre.

Melisa se asustó por un segundo, pero rápidamente recuperó la compostura.

—Oye, Martina, que quede claro que la muerte de tu madre no es mi culpa. Ni siquiera la toqué. Ella ya estaba enferma y se murió sola.

—¡Lárgate! ¡Lárgate! ¡Vete de aquí! —le gritó Martina con la voz quebrada.

Sin embargo, al darse cuenta de que Martina ahora estaba completamente sola, Melisa vio una nueva oportunidad.

—Martina, ya no tienes a nadie. Mejor vente conmigo. Tu tía te buscará un buen hombre; si no quieres al hijo del alcalde, te busco a otro. Mírate, sola y sin dinero, ¿qué va a ser de ti?

—¡Que te largues! Por tu culpa mi mamá se puso mal y falleció. ¡Y todavía tienes el descaro de querer venderme! Si no te largas ahora mismo, ¡te juro que te mato!

—¡Hmph! —Melisa resopló con desdén.

Luego, hizo una seña y aparecieron dos hombres robustos.

—Martina, estás sola y soy la única autoridad familiar que te queda. Te sugiero que vengas conmigo por las buenas. Yo me encargaré de los gastos del funeral de tu madre.

Martina miró a los dos hombres. Nunca imaginó que Melisa llegaría al extremo de traer matones para llevársela a la fuerza.

Con los ojos inyectados en sangre, Martina se lanzó contra Melisa, le agarró la pierna y le clavó los dientes con toda su furia.

—¡Ayyy! ¡Me duele! ¡Perra loca, ¿cómo te atreves a morderme?!

—¡Ayúdenme! ¡Quítenmela de encima rápido!

Ante los gritos desesperados de Melisa, los dos matones intervinieron y separaron a Martina a tirones.

—¡Ay, cómo duele! Menos mal que traigo tela gruesa, ¡si no, me arranca el pedazo! ¡Escuincla del demonio, una tratando de hablar por las buenas y sales con esto! ¡Llévensela!

¡Pum!

¡Pam!

De la nada, Cecilia apareció. Con solo un par de movimientos precisos, mandó a los dos matones al suelo.

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