—Por cierto, ¿ya te recuperaste por completo? Avísame si tienes algún efecto secundario. Aunque yo misma preparé la medicina, todo fármaco tiene sus riesgos y podría afectar tu cuerpo a largo plazo.
Lorenzo negó con la cabeza, sonriendo ampliamente.
—Para nada, ¡me siento como nuevo! Gracias por preocuparte, jefa.
—¿Y qué hay del Grupo Urbina? ¿Cómo están las cosas por allá?
—Mateo Urbina ya se declaró en bancarrota, e Iván Urbina sigue en el hospital. Quedó inválido, así que ya no sirve para nada. Aunque intentaron causarme problemas, no lograron hacer ni un rasguño. Ahora mismo, aplastarlos sería tan fácil como pisar una cucaracha.
Cecilia asintió, satisfecha con los resultados de Lorenzo.
—Hiciste un buen trabajo. Sigue así —lo elogió.
Lorenzo se iluminó de nuevo, casi moviendo la cola como un perro fiel.
***
Ciudad Jacaranda.
Cecilia había llegado hasta esa ciudad con un solo propósito: buscar a Martina Zúñiga.
Como no había dejado de preocuparse por ella desde que se fue, averiguó su dirección y decidió ir sola a ver cómo estaba.
En ese momento, en el patio de una casa modesta...
Una mujer estaba parada ahí, apuntando con el dedo y gritando con furia:
—¡Paulina, págame de una maldita vez lo que me debes! ¿A quién le quieres dar lástima con esa cara de enferma? Han pasado años, ¿no tienes tantita vergüenza?
—¡Cof, cof, cof! —Una fuerte tos resonó desde el interior de la casa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia