—Yolanda, sácala de aquí. Ya —ordenó Lorenzo, furioso.
Yolanda cargó a Nuria y la aventó afuera de la oficina.
En el pasillo ya había gente mirando. En cuanto vieron que la sacaban así, todos empezaron a chismear.
—¡Qué vergüenza! ¡La sacaron encuerada!
—Se ve que quería seducir al director Urbina… y la terminó corriendo.
—¡Ja! Se creyó mucho. ¿A poco el director Urbina se iba a fijar en ella?
—Y ella ahí, sintiéndose la favorita… y mira nomás.
—Lo más chistoso es que ni así, desnuda frente a él, le provocó nada.
—Se lo ganó. Se veía bien altiva y resultó ser una cualquiera.
Nuria, al oírlo, supo que ya estaba acabada.
Después de esto, ya no iba a poder levantar la cara.
Menos iba a poder seguir en la empresa.
—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! —sollozó.
En ese momento, Berta salió con una toalla y se la puso encima.
Yolanda también aventó la ropa de Nuria al pasillo.
—Qué poca vergüenza —escupió Yolanda, helada.
Ella era leal a Lorenzo, y además lo admiraba. Detestaba a las mujeres que intentaban metérsele así al director Urbina.
Y eso que Nuria era prima de la señorita Galindo… No le llegaba ni a los talones.
—¿No te da pena? Métete al baño y vístete de una vez —le dijo Berta.
Nuria agarró su ropa y se fue corriendo, llorando.
Berta negó con la cabeza.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia