Pero hoy, para sorpresa de todos, venía acompañada de un hombre.
Cristian la vio regresar con un desconocido y, ahora sí, puso atención.
—Claudia, ¿quién es este señor? —preguntó Cristian.
Claudia sonrió y se acomodó el pelo.
—Ay, se me olvidó presentárselos. Él es mi novio: Ismael Salinas.
Cecilia se quedó sin palabras.
Hacía mucho que no veía a Ismael.
Ni sabía en qué momento se había metido con Claudia.
Los Rivas se miraron entre sí. En una familia de ese tamaño, nadie había escuchado ese nombre.
Los Salinas tendrían empresa y todo, pero frente a los Rivas no eran gran cosa.
Ismael sonreía; recorrió a todos con la mirada y al final se quedó viendo a Cecilia.
A Cecilia le dio mala espina. Que ese tipo apareciera de golpe en casa de los Rivas seguro traía algo detrás.
¿Será que los Salinas se fueron a pique y ahora Ismael quería colgarse de una niña rica?
Valeria se puso de pie y se acercó a Claudia.
Que su hija tuviera novio, claro que le daba gusto.
—Claudia, ¿y por qué no nos lo comentaste antes?
—Pues lo estoy comentando ahorita, ¿no? A ver, ¿a poco no está guapo mi novio?
Valeria no supo qué decir.
Cristian, con más colmillo, recuperó la compostura de inmediato, sin mostrar nada.
—Traigan dos juegos de cubiertos. Señor Salinas, tome asiento.
Ismael sonrió.
—Gracias, señor Rivas.

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