Nadia recorrió al grupo con la mirada.
—No sabía que la empresa se había convertido en un chismógrafo. A partir de hoy, el que vuelva a andar hablando de la vida privada de alguien, va a terminar como Marta. Listo: cada quien a lo suyo. Dejen de estar aquí parados.
Dicho eso, Nadia se fue.
Y los demás se dispersaron.
Por fin, a Teresa se le aflojó el pecho de la tensión.
—Cici, esa directora Nadia sí es justa… Qué bueno que no fuimos nosotras.
Cecilia sonrió.
—Teresa, tú tranquila. De aquí en adelante, en la empresa di lo que tengas que decir y haz lo que tengas que hacer. Nadie te va a correr.
Teresa le dio un toque en la frente.
—Ay, tú… tampoco así. Que Nadia sea justa no significa que podamos hacer lo que queramos. Esta empresa no es nuestra. Si nos pasamos, igual nos corren.
Cecilia solo sonrió, sin decir nada.
¿Que la empresa no era de ellas?
Si Nadia no hubiera corrido a Marta hoy, ella misma lo habría hecho.
Marta tenía que irse de Estudio Cobalto, sí o sí.
En la oficina.
Miriam fue a buscar a Nadia.
—Directora, ¿no cree que fue demasiado correr a Marta? No fue la única que se metió. Y por la razón que sea, Cecilia sí golpeó. Yo pienso que, si se iba a correr a alguien, debieron correr a las dos. Si solo corre a una, la gente lo va a ver como injusto.
Nadia la miró y soltó una risita fría.

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