En cuanto se supo que había una pelea, la directora Nadia llegó.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué están todos aquí amontonados? —preguntó.
—Directora, Cecilia dejó a Marta así… ¡haga algo! —dijo Miriam, apurada.
Marta estaba muy mal: hasta le sangraba la nariz y traía el pelo hecho un desastre.
Nadia la miró de reojo y luego volteó a ver a Cecilia.
—A ver. ¿Qué pasó exactamente? Cecilia, dime tú.
Cecilia ni alcanzó a hablar cuando Teresa se adelantó:
—Directora, fue culpa mía. Ella solo me defendió. Marta andaba diciendo aquí, en la empresa, que yo era “la otra”. Mi hermana la escuchó y le dio una cachetada.
Nadia entendió más o menos la situación.
—¿Ustedes andaban con ese chisme? —preguntó Nadia, mirando a Marta.
—No es chisme, es la verdad. Ya salió en las noticias. ¿Cómo va a ser mentira? —respondió Marta.
—Que lo hayan publicado no significa que sea cierto. Y aunque lo fuera, tú eres parte de Estudio Cobalto: ¿no tienes trabajo que hacer como para estar al pendiente de esos temas? Además, Teresa lleva tiempo aquí. ¿Qué necesidad de estar picándose entre compañeras? Marta, ¿de verdad no te das cuenta en qué la regaste?
Miriam no lo podía creer. La que golpeó fue Cecilia, ¿y ahora estaban regañando a la “víctima”?
Marta, todavía más molesta, reclamó:
—Directora, yo no hice nada. ¡Cecilia me pegó! A alguien así deberían correrla. ¿Por qué me regaña a mí?
—Sí, ella golpeó… ¿y tú qué? ¿No puedes controlar la boca? Si te dedicaras a trabajar y dejaras de hacer chismes, esto no pasaba.
—¡Usted está siendo parcial! —se atrevió a contestarle Marta, de frente.

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