La estuvo observando un buen rato, y entre más la veía, más le sonaba raro.
—¿Cómo que “se conocen”? —preguntó Cecilia, fingiendo no entender.
—Tú me dijiste que podías ligártelo, pero a mí se me hace que ya se conocían de antes.
Saúl lo captó de inmediato y contestó, sin mucha emoción:
—No nos conocemos. ¿Y eso qué tiene que ver contigo?
Lisa, sin querer soltar el tema, insistió:
—Hace rato te invité a tomar y ni me pelaste. ¿Por qué conmigo no, y ahorita sí estás tomando con ella?
Saúl se encogió de hombros, como diciendo que ni modo.
—Porque me enamoré de esta señorita a primera vista.
Cecilia miró a Lisa.
—Gané. Sí pude con él. Esta noche es mío.
Lisa, furiosa, le soltó a Saúl:
—¡No manches, qué mal gusto! ¿Te gusta esa vieja naca?
Saúl le regresó el golpe:
—Ella no es ninguna naca. Pero tú sí eres de las que se suben con cualquiera.
Cecilia volvió a ver a Lisa y le sonrió, bien satisfecha.
—¡Me cae que me vas a matar del coraje! Un hombre así… y ella se lo llevó —masculló Lisa, apretando los dientes.
No podía creer que ella, con toda su “experiencia”, hubiera perdido contra alguien como Cecilia.
—A ver, guapa… ¿te acuerdas de la apuesta? Ya te toca cumplir —dijo Cecilia, sin quitarle la mirada de encima.
A Lisa se le puso la cara de pocos amigos. No esperaba que Cecilia de verdad lo lograra.
—Yo… estábamos jugando.
—¿Jugando? Entonces marco a la policía, y que ellos decidan si fue “jugando”.
Lisa se encendió:
—Ay, por favor. Era un juego y ya. ¿De verdad vas a hablarle a la policía por esto? ¿Tú crees que tienen tiempo para venir a meterse en estas cosas?

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