Ainhoa estaba furiosa:
—Cristian, estás siendo injusto. Joaquín también es tu hijo. ¿Ni siquiera lo vas a considerar?
Cristian contestó con frialdad:
—¿Con tener a un Saúl no tuve suficiente? Mira el desastre que me armó y todavía me reclamas. Más bien deberías sentarte a educar a tu “buen hijo”. Por una mujer, tira su carrera. Así nunca va a llegar a nada.
Ainhoa estaba que explotaba.
El Saúl de ahora ya no era como antes. Si todavía la escuchara, ella no estaría en esto.
Entre los dos, la relación ya se había roto por completo.
Y lo peor era que el problema lo había causado Saúl. ¿Por qué se lo cargaban a ella?
¿A ella qué?
Y encima ahora también veían a Joaquín por encima del hombro. Qué mala suerte.
Mientras se desahogaba por dentro, de pronto Leandro Rivas irrumpió corriendo.
Entró como trompo, brincando de un lado a otro, hasta plantarse frente a todos.
—¡Señorita Cici! ¡Señorita Cici!
Se pegó a Zoe y la agarró, desesperado:
—¿Ya vio a mi señorita Cici?
Zoe puso cara de asco.
—Este tonto… ¿cómo dejaron que este tipo ande suelto?
Kevin empujó a Leandro.
—¡Quítate! ¡No te acerques a mi mamá!
Leandro tambaleó, y luego volteó a ver a Cristian.
Corrió hacia él, medio bobalicón, y se le colgó de la ropa:
—¿Dónde está mi señorita Cici? ¿La escondiste tú? ¿Sí o no? ¡Dime!
Con lo mayor que era Cristian, Leandro casi lo sacudía de más.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia